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domingo, 4 de septiembre de 2016

Los insurgentes



(este artículo fue publicado originalmente el domingo 4 de septiembre de 2016 en el diario ABC)

La palabra incumbente no existe en el idioma castellano, es un calco del inglés, se usa para referirse “a los que están”. En economía llamamos incumbentes a aquellas empresas que llevan años en un mercado y que disponen de una posición de dominio precisamente por ello. En cambio la voz insurgente sí aparece en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (RAE); dos son los significados sugeridos: levantado y sublevado, en ambos la acción o si quieren la reacción, esta muy presente.

La actual dirección de la RAE se ha caracterizado por su dinamismo para incorporar nuevas entradas cuando su uso es habitual. Más pronto que tarde incorporará a los incumbentes porque el fenómeno que define la situación económica del momento les ha puesto en el punto de mira debido a que unos agentes nuevos, los insurgentes -jóvenes emprendedores-, les están desplazando del liderazgo que han disfrutado en las últimas décadas.

Hoy los jóvenes tienen en su poder armas inéditas, hasta ahora, para su empoderamiento y han empezado a usarlas. La tecnología y el capital están a su disposición y por primera vez en la historia no importa donde nazcas o si dispones o no de dinero...si tienes talento puedes conseguir que tus ideas se hagan realidad. El vehículo de este fenómeno es el emprendimiento. En los años 70 si querías cambiar el mundo montabas una banda de rock, hoy los jóvenes idealistas crean una startup. Esta tendencia se ha convertido en global y Latinoamérica no es una excepción. Si repasamos los mejores expedientes de los egresados en las universidades de la región veremos que se han convertido en emprendedores, algunos ya creando cientos de empleos y recibiendo inversiones millonarias. Sus ámbitos de actuación son nuevos, modelos de negocios que nadie reparó antes pero que están funcionando. La venta de entradas online, las nuevas bebidas, los tractores autónomos, la segunda mano por internet…son ejemplos de sus disrupciones.

Los emprendedores están obligando a que la mayoría de las industrias se reinventen. Pronto serán todos lossectores los que habrán de cambiar hacia un nuevo modelo en el que quien no lo haga, verá como esosinsurgentes, revientan su mercado con sus innovaciones. Unos jóvenes suecos que con 24 años crearon Spotify cambiaron la industria de la música con las descargas online, dos startups de ventiañeros como Uber y AirnBnb han revolucionado el mundo del trasporte y el turismo; ¿tendríamos tarifa plana en nuestros teléfonos sin el talento de un valiente emigrante ucraniano que creó Whatsapp?; comunicarse nunca será lo mismo gracias a la empresa que fundo Marc Zuckerberg con 20 años y la seguridad en internet tiene un antes y después de que el emprendedor guatemalteco Luis Von Aul crease los captchats, esos números torcidos que tenemos que escribir antes de rellenar un formulario en línea. Podríamos seguir dando ejemplos de jóvenes emprendedores que amenazan años de tranquilidad de las empresas incumbentes, pero no tendríamos suficiente espacio en esteartículo.

El Foro Económico Mundial, reunido como todos los años en Davos, pronosticó este mes de enero que el 65% delos empleos del 2020 ni siquiera existen en este momento. Por ello si quieres predecir el futuro, habla con losemprendedores, visita las incubadoras y aceleradoras donde se alojan. Están muy cerca de tu lugar de trabajo o residencia y están inventando el futuro de la economía.

Si a estas alturas de la presente reflexión todavía hay algún incrédulo le animamos a que lea atentamente esta explicación: en los bolsillos de los chicos y chicas de hoy tienen en sus smartphones más capacidad de computación que todos los ordenadores de la NASA cuando el hombre llego a la Luna… y la están empezando a usar. Tienen acceso, de manera libre, a todo el conocimiento de la historia; pueden hacer llegar a los inversores de Boston, Israel o Londres sus planes de negocio porque todos quieren invertir en ellos; no hay gran empresa en el mundo que no esté detrás de su trabajo para acelerar sus startups y de paso "contagiarse" de sus innovaciones.

El estudio de los ecosistemas más dinámicos ha demostrado que papel de las instituciones en este terreno es clave con actuaciones concertadas de gobiernos, normas y sociedad civil. Así también lo han entendido los Jefes de Estado y de Gobierno de Iberoamerica que celebrarán en octubre de este año en Cartagena de Indias su XXV Cumbre que tendrá, como tema principal "Juventud, Emprendimiento y Educación"

La historia nos ha enseñado que se llega más lejos sumando fuerzas y no restando. No hagamos de este momento una batalla entre insurgentes e incumbentes, entre los nuevos y los viejos, entre los  emprendedores y las empresarios. Al contrario, el crecimiento será exponencial si trabajamos juntos. Esta ideal, asumida por el organismo internacional de juventud -OIJ- se traduce en el Pacto Iberoamericano por la Juventud que, entendido como un nuevo contrato social y estrategia regional, convoca a una alianza de diferentes actores que se concrete en políticas, programas y proyectos destinadas a las personas jóvenes.
Las startups están reinventando el capitalismo para volver a sus esencias. Mercados en el que no haya asimétricas de la información, con menos barreras de entrada y salida, en el que el talento sea lo que determine el éxito y no los "contactos". Pero si todo ello no fuera suficiente además estos jóvenes están consiguiendo con sus disrupciones que el mundo sea mejor, más decente.

Vivimos uno de los mejores periodos de la historia para ser joven. Aprovechar ese potencial al servicio de la humanidad nos exigirá a todos, con independencia de nuestra edad, una tarea: levantarnos de nuestra comodidad para  colaborar y cooperar con humildad.​


Por Max Trejo, secretario general del Organismo Internacional de Juventud (OIJ) e Iñaki Ortega, profesor y director de Deusto Business School

miércoles, 25 de mayo de 2016

El Padrino IV

(este artículo se publicó originalmente en el periódico ABC el domingo 22 de mayo de 2016)

Mucho se ha escrito sobre una cuarta parte de la saga cinematográfica de “El Padrino” que supo reflejar  como nunca antes el funcionamiento de la mafia.  De hecho periódicamente surge el rumor de que Francis Ford Coppola ha empezado ya a grabarla con una estrella del cine americano con apellido italiano, ora Leonardo DiCrapio ora Sofía Loren, como protagonista recogiendo el testigo de Robert de Niro o Al Pacino.  Pero desde la muerte en 1999 del guionista que escribió los libretos de las películas, Mario Puzo, una nueva entrega sobre la familia Corleone, es muy improbable.

Los orígenes de la mafia, que significa en vernáculo “lugar de refugio” se sitúan en el siglo XIX en Sicilia coincidiendo con la creación de la Italia moderna. Ese  vacío de poder y la necesidad de defender del vandalismo el floreciente negocio de los cítricos en aquella isla fueron su caldo de cultivo. Pese a la bondad de la causa que hizo que apareciese la Cosa Nostra, nombre con el que se conoce a la mafia en esas latitudes, pronto esta sociedad secreta derivó en  una de las organizaciones más criminales de la historia gracias a su aterrizaje en Estados Unidos. Hoy nadie duda que la extorsión, los robos y los asesinatos son las herramientas que usa la mafia para sembrar el terror y conseguir sus fines que no son otros que manejar el poder a su antojo.

Los hackers o piratas informáticos también tienen un origen idílico pero como los mafiosos no han tardado en dar muestras de su gran capacidad para hacer el mal, aunque como pasó en el siglo pasado con la Camorra, algunos, cegados por la leyenda romántica se empeñan en verles un aura salvadora o incluso en minusvalorar sus efectos. Es conocido como hasta hace una década a los hackers les movía la fama. Parece ser que en los años 70 varios expertos en computación crearon en el entorno del Instituto Tecnológico de Massachusetts -MIT- una comunidad cuyos fines era ayudarse mutuamente a programar de forma doméstica. Rápidamente sus miembros encontraron fallos de seguridad en los sistemas cercanos y se propusieron, como divertimento, demostrar al mundo esos agujeros y de paso agrandar su ego.

Pero coincidiendo con la universalización de internet y la llegada del nuevo siglo toda cambió y los hackers pasaron de buscar la fama a buscar el dinero ajeno.  Hoy cada minuto se crean 3000 nuevos malware, contracción de las palabras inglesas malicious y software, que podemos traducir como códigos malignos, un programa informático  que tiene por objetivo infiltrarse en una computadora sin el consentimiento de su propietario. Llevan años causando estragos no solo entre empresas y particulares sino también en infraestructuras críticas, como el reciente ataque a una central nuclear iraní o al sistema eléctrico de Ucranuia. Todos los informes especializados y las memorias oficiales de delitos de los países desarrollados alertan de su crecimiento exponencial y ya lidera el ranking de las más importantes amenazas de nuestros días.

Se empezó con las famosas cartas nigerianas en las que un correo electrónico te avisaba de que eras beneficiario de una extraña herencia que te exigía pagar unas costas previas para poder disfrutarla. Luego llegó el phising donde alguien suplanta la personalidad de tu banco y acabas tu mismo dándole las claves de tus cuentas para que te robe. Ahora el uso masivo de redes sociales, la proliferación del comercio y la banca electrónica y especialmente la irrupción de una nueva moneda, virtual pero aceptada como medio de pago, el bitcoin, han traído una versión más perfeccionada de estos ataques informáticos, son los llamados ramsomware, otra contracción de palabras para referirse a un programa informático de rescate. Un día mientras trabajas con tu ordenador aparece en la pantalla un mensaje que anuncia que tu equipo queda bloqueado hasta que pagues un rescate, si no lo haces nunca más podrás volver a ver esas fotos tan queridas que están en tu disco duro o el trabajo de años se echará a perder. El rescate se pagará por internet en bitcoins y en ese momento recibirás una contraseña que desbloqueará todo y que te permitirá volver a usar tu dispositivo. En caso contrario, los hackers no solo destruirán tus archivos sino que, para evitar que les denuncies a la policía, te chantajearán con difundir orbi et orbi que eres un consumidor de material pedófilo. La realidad es que esta extorsión crece como la espuma pero son muy pocos los que se atreven a denunciar y los valientes que lo hacen ven como la Policía se encuentra inerme para luchar contra estos nuevos criminales a los que se pierde la pista en países como China o Rusia.

Hoy el cibercrimen es quizás la empresa más rentable del mundo y por eso cada vez es más difícil ponerle freno. Los sistemas antivirus apenas repelen una fracción de estos programas y las agencias de seguridad de los países más poderosos del mundo reconocen que luchan contra un enemigo que tiene cada vez más dinero y más gente preparada a su servicio. Conviene, por tanto, dedicar unas líneas a explicar que el cibercrimen es ya una industria como la automoción o la banca. Una industria criminal pero lucrativa y en expansión. Con diferentes productos como los “troyanos” o la “denegación de servicio”, con trabajadores como las llamadas “mulas” o los “pitufos”, y hasta con software al servicio de los “clientes” que mejora la eficiencia de los ataques. Con sus propios buscadores, como Tor, y un internet oculto, deep web, con miles de páginas privadas no indexadas por google, imposible de rastrear, donde nadie te impide contratar un kit para elaborar un código malicioso que se salte todos los cortafuegos y te garantice, como asegura el proveedor, rentabilidades del 1500% de tu inversión, vía extorsiones en la red. Poco extraña por tanto que según datos del FBI en Estados Unidos el 70% de los sistemas han sido infectados por estos malwares y que muchos de estos vienen ya de serie en muchos dispositivos. En España hemos sufrido según datos oficiales más de 7000 “incidentes” en infraestructurar críticas y somo el tercer país del mundo con más ataques después del Reino Unido y Estados Unidos. Ante este panorama, desengañémonos, las agencias de seguridad de las grandes potencias poco puede hacer y simplemente nos queda aspirar a minimizar daños concienciando a empresas y particulares para que por ejemplo hagan copias de seguridad. Inevitablemente a lo largo de nuestra vida vamos a ser hackeados así que solo nos quedará dar una respuesta rápida al ataque.

Pero queda una posibilidad, conseguir crear una industria de ciberseguridad, un ejército de empresas y hacker buenos que luchen, con sus propias armas, en su terreno, para vencerles y así alimentar toda una economía del bien que genere importantes beneficios que se reinviertan para innovar en nuevos productos y servicios más potentes que los del mal. Todavía estamos muy lejos de lograrlo pero la aparición de una serie de startups, con talentosos emprendedores también en nuestro país como blueliv o countercraft, son la esperanza de que está guerra puede ganarse.

Si Mario Puzo hubiera vivido unos años más para llegar hasta nuestros días y terminar de escribir El Padrino IV sin duda tendría a toda la cuarta generación de los Corleone, a los bisnietos de Vito, ya no en un restaurante manejando los hilos del narcotráfico o el juego ilegal sino  trabajando a destajo, desde cualquier playa paradisiaca, en la deep web, robando bancos online, chantajeando cibernéticamente a inocentes o boicoteando los servidores de los aeropuertos de medio mundo a cambio de rescates pagados en criptomoneda. Serían la misma mafia de siempre pero usando las nuevas armas de mal en el siglo XXI, el cibercrimen.


Iñaki Ortega es profesor de Deusto Business School y ha lanzado en Madrid este curso el Programa de Innovación en Ciberseguridad (PIC) con título propio de la Universidad de Deusto