martes, 17 de julio de 2012

¿Por qué todo el mundo habla de los emprendedores?

Últimamente es realmente difícil no tropezar con los "emprendedores" viviendo en España. Si te levantas escuchando la radio, ojeas la televisión en el bar tomando un café o lees la prensa por internet es literalmente imposible no sucumbir al mantra de los emprendedores y sus benéficos efectos. Sea por moda, cliché o lugar común, la mención a los emprendedores se ha convertido en el tema del año en nuestro país. La semana pasada la Universidad a Distancia de Madrid (UDIMA) me invitó a sus cursos de verano online para explicar por qué narices todos: economistas, políticos, científicos y en general los ciudadanos, hablamos a todas las horas de los emprendedores. Si quieres escuchar la respuesta pincha en este enlace:

video de la conferencia online

PPT de la conferencia



miércoles, 11 de julio de 2012

La primera ley, de verdad, de apoyo a emprendedores.

Por fin, tras una larga tramitación de cerca de 2 años, se ha aprobado la ley vasca de apoyo a emprendedores y pequeña empresa. Los emprendedores del País Vasco disfrutan desde el 29 de junio del más amplio catálogo de beneficios y ventajas para crear una empresa en España. En septiembre de 2010 el Partido Popular vasco presentó el proyecto de ley que se ha ido mejorando tras su paso por el Parlamento vasco con las aportaciones del PSOE-PSE y el PNV entre otros grupos políticos. Mariano Rajoy, en 2011, tras conocer esta iniciativa del responsable de su partido en Euskadi, Antonio Basagoiti, anunció que una de las primeras actuaciones del Gobierno de España sería promover una gran reforma legislativa a favor de los emprendedores, al estilo de la vasca. Ahora, tras la publicación de la nueva norma en el Boletín Oficial del País Vasco, le toca el turno al Gobierno de España.


Ley vasca de apoyo a emprendedores y pequeño empresario.


El País Vasco siempre ha sido una tierra de personas emprendedoras. El afán de innovación, la creación de valor añadido y la apertura al mundo han venido siendo algunos de los valores más destacados de estas. Con su empuje consiguieron que el País Vasco fuese una de las zonas más prósperas del Estado y de Europa.
Las personas emprendedoras han estado presentes en la historia del País Vasco desde que existe historiografía. Desde la Edad Media los vascos y vascas demostraron su espíritu emprendedor en sectores como las ferrerías, la mecánica y el comercio internacional, entre otros. En Bizkaia, con las forjas y los martinetes, precursores de las potentes siderurgias del siglo XIX; la industria guipuzcoana que fabricaba armas entre los siglos XV y XIX, pasando después a la producción de damasquinados de lujo para la realeza europea; o, desde el siglo XIII, linajes alaveses comprando lanas de Castilla para exportarlas a los mercados del norte de Europa a través de los puertos vascos. Una reputación de personas emprendedoras que ha acompañado a los vascos y vascas, siglos después, también en los territorios a los que llegaron como inmigrantes. Sin olvidar el pasado más reciente, con la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País, que propició la atracción de conocimiento y talento para modernizar las técnicas de las explotaciones económicas vascas, o los grandes industriales y financieros vascos del siglo XIX, que junto con el padre Arizmendiarrieta y su impulso al cooperativismo vasco en la segunda mitad del siglo XX forman parte de nuestra historia y sin los cuales no puede entenderse el actual grado de desarrollo económico de nuestra tierra.

La economía vasca se sustenta en el esfuerzo conjunto de trabajadoras y trabajadores asalariados, autónomos y autónomas, empresariado y pymes.Las personas emprendedoras son fundamentales para el crecimiento económico y la innovación. Son los canales principales para la transmisión del conocimiento y la innovación y para su utilización en actividades productivas generadoras de mayor valor añadido y, por consiguiente, de rendimiento económico. La actividad emprendedora del empresariado y de las pymes funciona como mecanismo a través del cual las inversiones en I+D, innovación y formación se trasladan a innovaciones comercializables, siendo determinante para el ritmo de crecimiento a largo plazo. Por todo ello, garantizar la actividad emprendedora es uno de los cimientos sobre los que se construye la competitividad y prosperidad de cualquier economía.Es obligación y responsabilidad de los poderes públicos promover, por tanto, un marco favorable para que se desarrollen las capacidades de las personas emprendedoras sustanciadas en el desarrollo de una actividad empresarial sostenible, en el completo sentido del término, que incluye los aspectos social, económico y medioambiental, y para que la riqueza generada por estas personas repercuta en el conjunto de la sociedad y en la mejora y el mantenimiento del bienestar social.
Las economías más prósperas e innovadoras del mundo son aquellas con mayores niveles de emprendimiento. En todas ellas coinciden, además, dos circunstancias: un amplio reconocimiento social a la figura del empresario o empresaria y un marco propicio al desarrollo de su actividad.
No es casualidad que ya en 1953 los Estados Unidos de América promulgaran la Small Business Act para apoyar desde los poderes públicos a los pequeños empresarios y empresarias.
Esta Ley de apoyo al proceso de creación empresarial y a la pequeña y mediana empresa de la Comunidad Autónoma del País Vasco se adecua al marco normativo comunitario y responde a los objetivos formulados desde la Small Business Act for Europe de 2008.
seguir leyendo el resto de la ley vasca de apoyo a emprendedores


martes, 29 de mayo de 2012

Medición de impacto socio-económico y evaluación de las políticas públicas de apoyo a emprendedores e impulso a la creación de empresas

Resumen tesis doctoral

Los emprendedores son el vehículo en que las ideas se implementan en una economía y por ello, los agentes más importantes en la creación de nuevos empleos, lo que les ha convertido en el motor del desarrollo económico-social y progreso de nuestro tiempo
Existen pocas dudas en el ámbito académico, político e incluso en la opinión pública, pero para llegar a esta afirmación se ha hecho necesaria toda una nueva área de investigación en la ciencia económica que ha tomado por nombre su vocablo anglosajón: entrepreneurship. En ella, además de estudiarse el comportamiento del individuo-empresario, una de las partes más importantes es conocer los efectos de la iniciativa emprendedora en la economía, enfoque en el cual se sitúa esta tesis doctoral.
La forma de medir el número e importancia de los emprendedores en la economía se ha logrado, durante los últimos años, asociando a los emprendedores con alguno de los siguientes conceptos: autónomo, pequeña empresa o nueva empresa. Gracias a estas simplificaciones se ha podido demostrar la positiva relación de la actividad emprendedora con el empleo, el crecimiento, la productividad, la innovación y la cohesión social.
Esas externalidades positivas de la iniciativa empresarial están detrás del hecho de que las administraciones públicas hayan querido apoyar al colectivo emprendedor durante los últimos más de cien años,  luchando contra los fallos de mercado (o de gobierno)  que les impiden crecer.
En un principio ese apoyo fue tímido, con las leyes anti-trust del siglo XIX, para posteriormente ensombrecerse en la posguerra de la segunda guerra mundial por la “gran escala”. Será a partir de los años 80 cuando las políticas a favor de los emprendedores retomen fuerza, con las teorías evolucionistas de telón de fondo y conforme los hallazgos empíricos demostraban su valor. Finalmente se alcanza el punto máximo coincidiendo con nuestros días y la permanencia de la crisis.
Pero el uso indistinto de pymes, autónomos o nueva empresa como sinónimo del término emprendedor por la literatura económica ha llevado a que los gestores públicos, a la hora de implementar acciones, hayan diversificado en exceso el foco de actuación, con lo que se ha actuado en muchas ocasiones con incoherencia, cuando no con pura ineficacia.
Además, las sucesivas crisis globales han impulsado estas políticas, pero también han acentuado la necesidad de resultados visibles en un no largo plazo, lo que ha hecho que lo público haya desdeñado las actuaciones de ecosistema o de ambiente a favor de los programas concretos de impulso a determinados colectivos o sectores.
En el auge actual de estas políticas, los gobiernos se aferran a la promoción de los emprendedores con la desesperación que lo hace el náufrago al barco hundido. Pero a su vez, por primera vez en muchos años, los ajustes presupuestarios exigen a las administraciones tener que tomar duras decisiones y elegir entre las actuaciones a realizar.
Por ello se hace necesario no solo ganar coherencia y foco en la acción pública en este terreno sino, además, promover mecanismos de evaluación que nos permitan conocer la eficiencia de las acciones de apoyo a los emprendedores.
Esta tesis doctoral, por tanto, da respuesta a la cuestión de si en esta coyuntura podemos permitirnos mantener las políticas de apoyo a los emprendedores. Para ello se pone en valor las importantes consecuencias en la actividad económica de los emprendedores, entre las que no solo se incluyen nuevas empresas y empleos sino también nuevos ingresos fiscales para las administraciones públicas que puedan garantizar la sostenibilidad de estas políticas e incluso enjugar el déficit público.
Es este último aspecto el objeto de estudio de este trabajo de investigación debido al escaso tratamiento que ha tenido en nuestro país y la imperiosa necesidad que tiene la economía española de actuaciones de estímulo que sean eficaces y no comprometan la estabilidad presupuestaria de las administraciones públicas.
Para conseguir lo anterior se formula en la tesis un modelo de análisis ex-novo que permite evaluar una de las políticas públicas más extendidas en este campo como son las incubadoras o viveros de empresas (con más de 7000 centros en todo el mundo y unos 200 en España) se ha tenido en cuenta, también, que en este momento disfrutan de un auge entre los gestores públicos españoles, con multitud de nuevos proyectos en fase de lanzamiento.
A la hora de la evaluación se ha seguido un método de coste-beneficio. La nueva herramienta, adaptada a las especiales circunstancias de los viveros de empresa se apoya en el método ROI (return on investment) por ser un ratio reconocido de medición de la rentabilidad de las inversiones pero sobre todo por su creciente uso en las políticas públicas (especialmente en políticas de corte social en el Reino Unido y EE.UU.).
Esta investigación sigue las teorías que propugnan políticas integrales y perseverantes de apoyo a los emprendedores y se han incluido en el modelo mediante la elección del ámbito y duración del estudio. Madrid es una ciudad con un incipiente ecosistema que garantiza el buen destino de las acciones públicas que se desarrollan en este campo. A su vez la obsesión por la inmediatez de la que pecan algunas actuaciones se elimina con el amplio ámbito temporal en el modelo de 10 años.
El ratio resultante para las seis incubadoras del Ayuntamiento de Madrid analizadas es un retorno mayor que la inversión realizada, en concreto un ROI del 170%. Esta actuación de política pública, por tanto, permite lograr importantes resultados pero además no es gravosa para el erario público sino que provoca beneficios netos al sector público.
Los resultados obtenidos en este trabajo de investigación demuestran que en esta actuación pública se está en el buen camino de la eficiencia y por ello deberá seguir siendo sufragada por lo público, pero se alerta de la necesidad de seguir avanzando en políticas integrales alineadas entre los diferentes agentes públicos y privados para ganar rentabilidad y en último término sostenibilidad.
Únicamente uniendo fuerzas y coordinando estrategias por parte de los diferentes agentes implicados (gobiernos, empresas, emprendedores e instituciones educativas) podrá conseguirse un auténtico capital emprendedor que garantice una economía basada en el conocimiento, que crezca, cree empleo y además sea sostenible.
Por último la evaluación por retorno de los viveros también abre un camino de futuras investigaciones que haga posible esta medición en otras actuaciones públicas. Siguiendo el precedente del Gobierno de EE.UU en 2008 que comparó el retorno vía empleo de las inversiones en infraestructuras, podría calcularse el ROI de las políticas públicas de empleo o promoción económica en España y colegir cuáles funcionan mejor que otras y en consecuencia elegir entre esas actuaciones, en un momento tan necesario para ello por las fortísimas restricciones presupuestarias a las que la actual coyuntura nos somete.
Como dice el proverbio africano “al niño le educa toda la tribu”, por lo que, son los responsables de las actuaciones públicas los primeros que también han de aplicarse los principios de la economía emprendedora. Holcombe (2002) introduce el concepto de entrepreneurship en la política, definiendo el político emprendedor como aquel que está siempre alerta para captar oportunidades que le permitan conseguir la eficiencia en las actuaciones públicas y la consecución de la redistribución de la riqueza.
Esta tesis doctoral ha pretendido aportar luz a la tarea pendiente en nuestro país por conseguir una economía emprendedora con un análisis científico de una de esas políticas pero también aportando herramientas rigurosas que faciliten el trabajo a esos nuevos gestores públicos que cita Holcombe.

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Tesis Doctoral calificada como Apto Cum Laude por unanimidad por el Tribunal
Universidad Rey Juan Carlos
Madrid, 29 de mayo 2012





lunes, 27 de febrero de 2012

Reformas, emprendedores e impuestos

La languideciente evolución de la natalidad empresarial en nuestro país desde que comenzara la crisis ha pasado inadvertida en la mayoría de los análisis: eclipsada por la sucesión de malas noticias sobre el paro y los mercados financieros o ignorada por no tener un impacto tan inmediato y dramático como los cierres empresariales.

En diciembre un informe internacional llamaba la atención sobre el fuerte desplome de la actividad emprendedora en España entre 2006 y 2010. Dicho trabajo puso de manifiesto que somos el último país de los llamados desarrollados en cuanto a constitución de nuevas sociedades en ese periodo. Resultaría difícil creer que España pudiese ocupar el extremo más deshonroso en un ranking integrado por 34 estados –entre los que se hallan algunos de los más golpeados por la recesión, como Grecia o Portugal- de no ser porque hace tiempo que nos encontramos en ese lugar en la comparativa por tasa de desempleo. Como farolillo rojo, a España le queda el triste consuelo de que la mayoría de los países que también registran tasas negativas de natalidad empresarial son también economías de su entorno europeo. De hecho, solo en dos estados de la UE-15 ha aumentado el ritmo de creación de empresas, a saber: Francia y Holanda.

Las excepciones francesa y holandesa no son casualidad porque ambos países gozan del marco contributivo más propicio para la puesta en marcha de nuevas iniciativas empresariales, merced a las no muy lejanas reformas emprendidas por sus gobiernos.

Holanda posee desde hace años un sistema de seguridad social en el que la cuantía de las cuotas a pagar por quienes ejercen una actividad empresarial queda modulada por el volumen de facturación. La única barrera de entrada en este sentido es una prima de 90 euros mensuales correspondiente al seguro médico obligatorio, dependiendo el resto de pagos de la marcha de la empresa. Francia, por otra parte, aprobó en 2008 el Estatuto del Emprendedor. Se trata de una ley que, además de establecer para los autónomos un sistema de cotización variable en función de los ingresos, prevé para las pequeñas empresas un régimen fiscal ventajoso en el impuesto de sociedades, el IVA y el IAE.

En virtud de estas reformas fiscales, los Países Bajos han ganado 150.000 autónomos en los últimos cinco años y Francia ha duplicado con creces el número de empresas que se constituyen anualmente, hasta llegar en 2010 a la cifra récord de 590.000 nuevos negocios.

Estos números fortalecen la capacidad, tanto real y como percibida, de ambos países para hacer frente al incierto y convulso panorama económico que amenaza con enquistarse durante varios años más. No en vano, desde los años 80 la ciencia económica viene advirtiendo -y demostrando con datos- del cambio de escala empresarial que, al compás de la globalización y los avances tecnológicos, se está produciendo en los determinantes del crecimiento económico. Fruto de este proceso, economistas y policy-makers cada vez prestan más atención al fenómeno emprendedor como agente de empleo, innovación y desarrollo económico.

Bajo este prisma, los países en los que aumenten los emprendedores tendrán una recuperación más rápida, mientras que aquellos en los que disminuyan estarán abocados a un renqueante crecimiento. España, con 5,3 millones de parados, necesita un repunte vigoroso de su economía, por lo que es preciso que se tomen medidas cuanto antes a favor de los nuevos empresarios.

Los casos de Francia y Holanda nos muestran que las cargas fiscales que soportan las empresas en sus primeros años de vida influyen de manera muy significativa en la actividad emprendedora, por lo que pueden constituir una buena orientación a la hora de diseñar las reformas que a nivel nacional necesitamos.

En el ámbito local, el Ayuntamiento de Madrid ya ha empezado a transitar por esta senda y lo ha querido hacer dirigiéndose al colectivo más castigado por el paro: desde el 1 de enero de este año y hasta 2015, la administración municipal va a reintegrar a los jóvenes de la capital que se den de alta como autónomos el 50% de las primeras 18 cuotas a la seguridad social que satisfagan. Sin duda, este incentivo no solo contribuirá a dar salidas a este grupo social tan prioritario, sino que al mismo tiempo hará un poco más fácil la superación definitiva de la crisis fortaleciendo el maltrecho tejido productivo.

España necesita estar entre el grupo de países que encabece la recuperación y ello pasa porque sus emprendedores puedan desarrollar su actividad en las mejores condiciones; con reformas valientes, como la prometida por el Presidente Rajoy, y que, al estilo de Francia y Holanda, incluya rebajas fiscales tendentes al establecimiento de una autentica economía emprendedora en nuestro país.


Artículo publicado en la Revista Emprendedores, en el número de marzo de 2012
Iñaki Ortega
Profesor Universidad Rey Juan Carlos
@InakiOrtega

lunes, 19 de diciembre de 2011

No hay dos sin tres


La tarea de enderezar el rumbo de la economía española puede parecernos casi imposible, habida cuenta de la altas tasas de paro, la ausencia de crédito y el acoso de los mercados financieros. Sin embargo, si prestamos atención a nuestra historia reciente, encontraremos razones para no caer en el desánimo, puesto que no es la primera vez que la democracia española se ve en la tesitura de encontrar con urgencia una salida a una situación de profunda recesión.

Ya lo tuvo que hacer a finales de los años 70, cuando finalmente llegaron a España las consecuencias de la crisis del petróleo: el estancamiento del PIB, el rápido aumento del desempleo y, sobre todo, la desbocada inflación, amenazaron seriamente la estabilidad del país, en un momento todavía muy delicado. La solución, entonces, vino por el esfuerzo que hicieron las fuerzas políticas y sociales para aparcar sus diferencias y llegar a los llamados Pactos de la Moncloa de 1977.

El segundo gran desafío económico al que tuvo que hacer frente nuestro país se produjo en los 90, cuando, tras perder año tras año competitividad, el deterioro de la balanza de pagos se hizo insostenible y los mercados financieros recién liberalizados empezaron a castigarnos duramente. El resultado fue que conocimos una debacle económica sin precedentes, en la que el paro superó la cota del 24%. No obstante, salimos adelante porque tuvimos muy claro cuál era el camino a seguir: ingresar en el euro dentro del grupo de cabeza. La política de rigor que nos impusimos para cumplir los criterios de convergencia dio sus frutos.

Ahora estamos nuevamente ante una situación complicadísima, en la que los cinco millones de personas que quieren y no pueden trabajar son su más dramático exponente. No obstante, como en el pasado, podremos sobreponernos a la adversidad si damos con la fórmula adecuada, que, tal y como han visto en otras latitudes, tiene mucho que ver con la iniciativa emprendedora.

Y es que, conscientes de la capacidad de los emprendedores para ver oportunidades y nuevas actividades, aun en escenarios difíciles e inciertos como el que estamos viviendo, países como Estados Unidos, Reino Unido y Chile han redoblado su apoyo a los emprendedores, como eje fundamental de su estrategia de estímulo de la economía y el empleo.
 
En nuestro país, la atención que se ha prestado a los emprendedores hasta la fecha ha sido insuficiente y el apoyo que se les ha brindado, por la dispersión, parcialidad y falta de concierto de las instituciones, ineficaz; por lo que hay mucho recorrido para mejorar y ensayar esta solución.
 
Apoyar con las mejores condiciones institucionales a los emprendedores es garantía de empleo, innovación y desarrollo económico. Así lo demuestra por ejemplo que el total del empleo neto creado en los USA en los últimos años tenga su causa en las nuevas empresas o que las más recientes e importantes innovaciones hayan surgido de start-ups o que el espíritu emprendedor esté ya considerado como un nuevo factor de producción en el mix necesario para ser competitivo.

Si los españoles pudimos con la crisis en los 70 con la fórmula del consenso o en los 90 convergiendo con Europa, ahora también lo haremos cuando nos demos cuenta de que la clave, en esta ocasión, pasa por generar las condiciones apropiadas para que quienes estén dispuestos a emprender lo tengan más fácil y puedan empezar a ayudarnos a recuperar la prosperidad perdida y construir una nueva economía competitiva. Cuanto antes nos demos cuenta, antes comprobaremos que no hay dos sin tres. Y ya se sabe, a la tercera va la vencida.


Artículo publicado en el diario El Economista el 19 de diciembre de 2011.
Iñaki Ortega
@InakiOrtega

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Start-up Spain España Emprende

We are late arrivals, but that's precisely why we are in time to get it right. In the 1980s, there was a shift in the scale of developed economies' competitiveness and employment levers, and the United States was the first to spot the new paradigm. In fact, in the 1990s, works by PhD. David Birch were already evidencing that, contrary to the then popular view, it was not the major corporations that boosted employment most, but start-ups. In particular, the conclusion reached by this MIT researcher was that 80% of jobs created in that decade were attributable to SMEs less than 4 years old.

In light of these results, the federal government ramped up its backing for training and expanding start-ups, creating financial instruments which, coupled with private capital, have enabled technologies like GPS, Internet and Wi-Fi to develop. Recently, a study conducted by the Kauffman Foundation underpinned the strategic role played by business initiatives in the US, concluding that start-ups have driven all net job creation in the last few decades, which shows that the culture of entrepreneurship has gained considerable ground on the culture of management in the period.

This manner of understanding the world of business is a valuable intangible asset since entrepreneurs have incentives to broaden the range of production possibilities, while managers, more efficiency-driven, are motivated to operate within it–the economic success of Silicon Valley and Israel, two of the top eco-systems for global entrepreneurship, are evidence of this. Spain, which has traditionally been slow to appreciate the potential of small-scale business, has also started to make significant progress in this direction.

The Ministry of Industry has identified more than 2,500 public and private platforms focusing on boosting entrepreneurship. However, despite increasing the support, the strategy is not working, as evidenced by the shaky path towards economic recovery and, above all, the figure of five million unemployed. The fact is that these mechanisms have neither prevented the fall in the business birth rate (more than 40% since 2007) nor helped start-ups, with a few notable exceptions, to gain enough projection to be able to accelerate the transition towards an economy that is skewed towards production.

The reason for the lack of results is the way the measures have been implemented. While in the United States–giving a renewed boost to the policy of support for entrepreneurship–Start-up America was launched, based on the Chilean experience, a major public-private cooperation programme between the federal government and the country's leading companies to channel and coordinate efforts to help entrepreneurs, in Spain there has been little or no joint action between the administrations and the possibility of setting up strategic alliances with the cornerstones of business fabric has not been sufficiently explored.
If these deficiencies were corrected there is every likelihood that the measures implemented would end up having the intended multiplying effect on employment and innovation. The tough financial environment means the administration must make further cuts to the budget, but building bridges for cooperation with the private sector, coupled with greater coordination between institutions, would enable the government resulting from the 20 November election to continue to change scale through support to entrepreneurs with no need to increase the taxpayer funds already earmarked for this purpose and, no doubt, with better results.

If we are to avoid confusing progress with growth, as we did during the real estate boom, Spain must have more business initiative, especially in technology- and knowledge-intensive sectors, which offer greater upside. For there to be real progress, high-potential entrepreneurship must take its place as the engine of the economy, just as the culture of hard work and talent must replace that of speculation and subsidy. Spain needs a real "Start-up Spain" plan, and the sooner the better.

* This article is signed and supported by a group of professors and entrepreneurs who advocate the launch of a plan to foster entrepreneurship and the creation of new companies. Iñaki Ortega (Professor at Universidad Rey Juan Carlos), Javier Santiso (Professor at ESADE Business School), Zaryn Dentzel (Tuenti. Entrepreneur), Gustavo Garcia (Buyvip. Entrepreneur), Iñaki Arrola (Business Angel and Chamberi Valley), Luis Rivera (Tetuan Valley. Entrepreneur) and Marek Fodor (Business Angel and Seedrocket).
To show your support, use the hashtags #EspañaEmprende #StartupSpain


lunes, 14 de noviembre de 2011

España Emprende, Start-up Spain

Llegamos con retraso, pero precisamente por este motivo estamos a tiempo de no llegar mal.

En los años 80,  se produjo un cambio de escala en las palancas de competitividad y empleo de las economías desarrolladas, y fue Estados Unidos el primer país en atisbar el nuevo paradigma. De hecho, ya en el cambio de década, los trabajos de D. Birch pusieron de relieve que, contrariamente a lo que se venía creyendo, no eran las grandes corporaciones las que más impulsaban el empleo, sino la empresa incipiente. 

En particular, la conclusión a la que llegó este investigador del MIT fue que el 80% de los puestos de trabajo que se creaban entonces debían atribuirse a PYMEs que no alcanzaban los cuatro años de antigüedad.  A la luz de estos resultados, el gobierno federal incrementó considerablemente su apoyo a la formación y expansión de start-ups, creando unos instrumentos financieros que, junto al capital privado, han hecho posible el desarrollo de tecnologías como el GPS, Internet o el wifi.


Recientemente, un estudio de la Fundación Kauffman ha corroborado ese papel estratégico que ha tenido la  iniciativa empresarial en Estados Unidos al concluir  que las empresas de reciente constitución están detrás de todo el empleo neto creado en las últimas décadas, lo cual no deja de ser una constatación de que la cultura del entrepreneurship ha ganado terreno durante ese tiempo a la del management. Esta forma de entender el mundo de la empresa es un valioso intangible puesto que los emprendedores tienen incentivos para ampliar la frontera de posibilidades de producción mientras que los directivos, más inclinados hacia la eficiencia, los tienen para operar dentro de ella –el éxito económico de Silicon Valley e Israel, los dos mejores ecosistemas para el emprendimiento a nivel mundial, son prueba de ello.

España, país donde tradicionalmente no se ha sabido valorar el potencial de la pequeña escala empresarial,  también ha empezado a dar importantes pasos en esa dirección. El Ministerio de Industria ha identificado, entre públicas y privadas, más de 2.500 plataformas dedicadas a la promoción del emprendimiento. Sin embargo, y pese a esta inflación de apoyos, la estrategia no está funcionando, como lo demuestra la vacilante marcha hacia la recuperación económica y, sobre todo, la cifra de cinco millones de parados. Y es que estos mecanismos ni han evitado la caído de la natalidad empresarial -más de un 40% desde 2007- ni han propiciado que las empresas creadas, salvo alguna notable excepción, posean proyección suficiente para acelerar la transición hacia una nueva orientación productiva.

El porqué de la ausencia de resultados hay que encontrarlo en la forma en que se ha implementado. Mientras que en Estados Unidos –dando un renovado impulso a la política de apoyo al emprendimiento- se ha lanzado Start-up America, siguiendo la experiencia chilena, un gran programa de colaboración público-privada entre el gobierno federal y las grandes empresas del país para canalizar y coordinar los esfuerzos dirigidos a los emprendedores, en España ha faltado orquestación entre administraciones y no se ha explorado lo suficiente la posibilidad de establecer  alianzas estratégicas con los puntales del tejido empresarial. Si se corrigieran estas deficiencias a buen seguro que las actuaciones realizadas acabarían teniendo el efecto multiplicador pretendido sobre el empleo y la innovación.

El difícil panorama financiero impone a la administración más ajustes prespuestarios, pero el establecimiento de puentes de colaboración con el sector privado, unido a una mayor coordinación entre instituciones, permitiría al gobierno que saliese de las elecciones del 20N seguir avanzando en el cambio de escala a través del apoyo a los emprendedores  sin necesidad de incrementar los recursos públicos que ya se destinan a este fin y, desde luego,  con mejores resultados.

España necesita más iniciativa empresarial, especialmente en sectores que, por ser intensivos en tecnología y conocimiento, tienen más recorrido, para que no volvamos a confundir, como durante el boom inmobiliario, progresar con crecer.  Para que haya verdadero progreso el emprendimiento de alto potencial debe ocupar su lugar como motor de la economía, de igual forma que la cultura del esfuerzo y el talento debe sustituir a la de la especulación y el subsidio. España necesita un plan España Emprende, un auténtico Start-up Spain, y cuanto antes lo tenga mejor.

Publicado originalmente El Confidencial

Promotores de la Iniciativa:
- Iñaki Ortega Profesor en la Universidad Rey Juan Carlos
- Javier Santiso Profesor ESADE
- Zaryn Dentzel Emprendedor TUENTI
- Gustavo Garcia Emprendedor BUYVIP
- Iñaki Arrola Business Angel y Chamberi Valley
- Luis Rivera Emprendedor Tetuan Valley

- Marek Fodor Business Angel y Seedrocket