Mostrando entradas con la etiqueta filosofía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta filosofía. Mostrar todas las entradas

martes, 2 de julio de 2024

La navaja de la ministra de vivienda

(este artículo se publicó originalmente en el periódico La Información el día 2 de julio de 2024)

Me encanta “la navaja de Ockham”. Es un principio aplicado en economía que se resume en que, en igualdad de condiciones, la explicación más simple suele ser la más probable.  La leyenda cuenta que el fraile inglés Guillermo de Ockham en el siglo XIV adquirió fama por su obra teológica basada en la sencillez. Así se hizo popular la metáfora de que sus ideas eran como una navaja que afeitaba la barba de Platón, la sencillez recorta la complejidad. Así ha pasado a la historia esta expresión.

Siempre que puedo me abono a ella y por ello en el caso de dos eventuales soluciones a un problema, la más simple es más probable de ser correcta que la alambicada. Estos días que hemos conocido que el encarecimiento de la vivienda no para, me he acordado de la navaja del cura inglés. Efectivamente el precio de la vivienda aceleró su incremento en el primer trimestre del año hasta el 6,3% interanual, un aumento que no era tan elevado desde el tercer trimestre de 2022, según datos difundidos por el INE. Por tipo de vivienda, la nueva subió 2,6 puntos hasta el 10,1%, mientras que la de segunda mano se situó en el 5,7%, más de dos puntos por encima de la registrada el trimestre anterior.

Para empeorarlo todo, la rigidez de los tipos de interés de las hipotecas no ayuda a financiar la compra de inmuebles, también el mercado de alquiler con subidas de dos dígitos anuales está en precios máximos de las series históricas. Pagar una casa en España, supone de media la mitad de los ingresos de un ciudadano medio, en cualquiera de las fórmulas que hasta ahora considerábamos como habituales, comprar o alquilar, de ahí que se estén extendiendo prácticas como los pisos compartidos.

Encontrar una solución al problema de la vivienda en nuestro país se ha convertido en lo más parecido a finalizar el sudoku más complicado. Un mercado con millones de demandantes y muchos menos oferentes, con tres actores públicos como gobierno central, comunidades autónomas y ayuntamientos con competencias para actuar. La inacción consagra el problema de la falta de vivienda, pero como se mantiene la demanda porque se sigue necesitando un lugar donde vivir, los precios se disparan, tanto de alquiler como de compra, simplemente porque hay muchas personas que quieren la misma casa y se la lleva el que más paga.

El Banco de España ha asegurado que en España hay 27 millones de viviendas, de ellas, el 70% son vivienda habitual y el 13,3% se alquila, unos 3,6 millones de viviendas, y el resto, unos 4 millones, o están vacías o desocupadas. Pero los que buscan casas son muchos millones más. Entre 2022 y 2025 la economía española registrará un déficit de unas 600.000 viviendas. Ante este panorama surge la diatriba. Hacer más casas u obligar a los que tienen ya una a que la alquilen o la vendan a un precio asequible para esa mayoría que no puede pagársela.

La navaja de Ockham nos recuerda que siempre gana la sencillez. Crear más viviendas hará que el exceso de demanda se reduzca y por tanto los precios bajen. Bastaría con facilitar que se construyan más viviendas. Con un número amplio de casas en el mercado no es necesario topar precios, tampoco gravar las casas vacías y ni mucho menos poner en cuestión el principio sagrado de la propiedad. El Círculo de Economía de Barcelona acaba de publicar una nota en la que demuestra los efectos “muy perniciosos” de intervenir el precio de los alquileres con topes como el que se aplica en Cataluña. El informe incorporar otro argumento para defender que haya más viviendas y es que el parque público de alquiler solo representa el 2% del total, mientras que en algunos países de Europa supera el 20% y la media de la Unión Europea está en el 8%.

Por tanto, por simple no debemos descartarlo, siguiendo a Guillermo de Ockham. Ha de aumentarse la oferta para que por esta vía el precio se ajuste. Y ahí las administraciones sí pueden actuar. Mayor volumen de terreno edificable, suelo público más barato para que se pueda construir, facilitar cambios de usos de suelos, ayudas para rehabilitar casas, colaboración público-privada para construir un parque suficiente de vivienda protegida. Hasta el Banco de España ha reclamado un pacto de Estado para una ley del suelo que permita crear más viviendas.

En Santa Cruz de Mudela se fabrican las mejores navajas de España. Estoy seguro de que Isabel Rodríguez, ministra de Vivienda, y diputada por Ciudad Real conoce bien ese municipio de su provincia. Por eso me atrevo a pedirle a la responsable de las políticas públicas del ramo que se compre una bien grande para dejarla en su despacho y recordar cada vez que la vea, que urge lo más fácil. Más casas en España.

 

Iñaki Ortega es doctor en economía en UNIR Y LLYC

sábado, 24 de diciembre de 2022

Los nuevos Robin Hood

(este artículo se publicó originalmente en el diario el Periódico el día 18 de diciembre )

Sam tiene 30 años. Tiene el pelo alborotado, solo viste camisetas y conduce un viejo Toyota Corolla. Sus padres son profesores de la Universidad de Stanford y se graduó en matemáticas en el prestigioso MIT.  Con 25 años gracias a las monedas digitales se convirtió en el joven más rico del mundo. Pero hace unas semanas y en apenas 24 horas perdió más del 90% de su fortuna estimada en 22.500 millones de dólares. Hoy duerme en un calabozo. Bankman-Fried que así se apellida nuestro precoz protagonista es el consejero delegado de FTX, una plataforma de intercambio de criptomonedas que llegó a estar valorada de 32.000 millones de dólares -valor similar a la capitalización de BBVA- y que hoy está en quiebra.

Antes de ese fatídico día, el superdotado Sam fue apodado por la prensa económica como el "monje capitalista" por su apoyo a la filosofía del altruismo efectivo, una escuela que propone utilizar la razón para beneficiar al prójimo. Este movimiento nació en la Universidad de Oxford promovido por dos profesores, trata de encontrar el mayor impacto social en las acciones de caridad usando la teoría del coste-beneficio y sofisticados indicadores. Los fundadores de PayPal, Facebook o Skype son seguidores de esta filosofía que defienden donar eficazmente ya que algunas ONGs son mucho más eficientes que otras.

De hecho, Bankman-Fried había anunciado en varias ocasiones que pretendía vivir con 100.000 dólares para cubrir sus gastos vitales y donar el resto de sus millonarias ganancias a causas benéficas “eficaces”. Dinero obtenido de cientos de miles de anónimos inversores que ávidos de ganar dinero rápido con las criptomonedas confiaron sus ahorros en el gurú de los tokens digitales.  Pero este idílico cuento se vino al traste el 11 de noviembre cuando se supo que había usado -sin permiso- los depósitos de millones de usuarios de su plataforma para operar en inversiones de alto riesgo que sacasen de la bancarrota a su empresa. “La cagué” ha manifestado Sam. Este lunes fue detenido en las Bahamas, donde residía el peculiar filántropo. Fin de la historia del niño prodigio que robó dinero a avariciosos criptoadictos para regalarlo a ONGs.

Seguro que a Sam sus padres le contaron la leyenda de Robin Hood y por algún momento se sintió como el noble de Nottingham que atracaba a los ricos comerciantes en el bosque para repartirlo a los pobres campesinos. La nobleza altruista del siglo XXI son los jóvenes emprendedores educados en las universidades de la Ivy League; los bosques oscuros de la edad media son las desreguladas plataformas de activos digitales y los necesitados campesinos, la población migrante beneficiarios de las becas de fundaciones como la de Sam.

No se sabe a ciencia cierta si Robin Hood existió. Varias son las teorías que defienden que fue un señor feudal arruinado, pero delincuente, porque robaba a los comerciantes de la época que ganaban dinero vendiendo mercancías por los pueblos de Inglaterra. Este Robin y su grupo de forajidos acumularon riquezas que jamás repartieron con nadie, pero la leyenda ya había comenzado y ha llegado hasta nuestros días.

Hay muchos Sam. La aplicación online para compraventa de acciones de nombre Robin Hood -qué casualidad- tiene cientos de miles de usuarios cuya edad media es ¡26 años! y entre otras cosas se dedican al activismo bursátil para desplomar el valor de empresas cotizadas y así ganar dinero arruinándoles. Y en España ¿acaso el discurso político no nos recuerda al héroe inglés? Nuevos impuestos para los bancos, contribuciones extraordinarias de las empresas energéticas, cotizaciones que suben para los empresarios, subidas de IRPF para los que más ganan, más gravamen para el ahorro, un nuevo tributo de nombre solidaridad dirigido a las grandes fortunas y ahora a por los supermercados… Pero siempre con mucha épica, como en Robin Hood. Los ricos amasan dinero caído del cielo mientras los pobres se mueren de frío o de hambre, por eso alguien tiene que ayudarles, de otro modo, la injusticia se instalará en nuestro país. Si las leyes no lo permiten hay que cambiarlas o saltárselas como Robin de los Bosques. La causa merecía la pena en la desigual Inglaterra del siglo XII y al parecer hoy también en España, aunque los tribunales, supervisores y las instituciones europeas no apoyen los nuevos impuestos. Pero Sam ha terminado arruinando a sus clientes y pidiendo perdón, para saber cómo terminan estos nuevos Robin Hood españoles habrá que esperar a las cifras económicas del 2023. El paro, la inflación y el PIB nos darán la medida.

Iñaki Ortega es doctor en economía en La Universidad de Internet (UNIR) y LLYC