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viernes, 24 de septiembre de 2021

El metaverso de Mark

 

(este artículo se publicó originalmente en el diario 20 Minutos el día 20 de septiembre de 2021)

Mark Zuckerberg no gana para disgustos. Hace un año, se demostró que Facebook fomentaba la polarización partidista para así retener más tiempo a sus usuarios (e ingresar más dinero). En 2018 la red social vendió, sin permiso, los datos personales para fines políticos. Estos días nos hemos enterado de que Instagram escondió un informe que alertaba de las perniciosas consecuencias en la salud mental de las usuarias más jóvenes de esta aplicación.

Este Mark tan preocupado está en la lista de las cinco personas más ricas del mundo, pero sobre todo es un chico listo. Ya destacaba en la escuela y por eso logró matricularse en la Universidad de Harvard. Entonces creó Facebook hasta convertirla en la mayor red social del planeta. Pero ahí no paró y si vemos la lista de las tres aplicaciones más descargadas de la historia, además de las dos redes ya citadas, está WhatsApp que también le pertenece. En cuestiones de internet, Zuckerberg sabe de lo que habla, aunque le toque ponerse colorado de vez en cuando.

Ahora lleva un tiempo obsesionado en todas sus intervenciones con el metaverso. Visto lo visto, deberíamos ponernos al día sobre este concepto porque nos acabará afectando. Metaverso surge de la unión del prefijo griego “meta” -después- y la palabra “universo”. Es, por tanto, un nuevo mundo muy diferente al que conocemos, casi como una dimensión inédita que va mucho más allá. Un metaverso sería una conjunción del mundo analógico y el digital, un universo en el que lo presencial y lo virtual confluyen.

Los expertos en tecnología de Voxel School me cuentan que no es algo nuevo. Metaversos o universos paralelos generados por un ordenador se conocen desde hace dos décadas. Lla película Matrix en la que no se distingue lo real de la pesadilla, la red social Second Life en la que tu avatar cobraba vida, pero también los videojuegos de Epic Games han explorado con éxito estos mundos virtuales ficticios de los que puedes formar parte y escuchar un concierto de un famoso rapero. Hasta el youtuber español más conocido, El Rubius, tiene sus metaversos particulares cuando él mismo aparece en un videojuego.

Por mucho que la pandemia baje su intensidad algunas cosas nunca volverán a ser iguales. Las oficinas o las aulas no serán ya solo físicas, sino que -como en estos meses pasados- trabajaremos en remoto y recibiremos clases desde nuestras casas. Al mismo tiempo las empresas o las escuelas tendrán trabajadores y estudiantes híbridos, muchas veces de forma presencial pero otras virtualmente. Por eso, Zuckenberg, y también el primer ejecutivo de Microsoft, apuestan por los metaversos como el gran paradigma del tiempo pospandémico. Creen que después de tantos años hablando de metaversos, el momento ha llegado. El coronavirus nos encerró en casa, pero nos llevó a estar todo el tiempo conectados virtualmente. Por eso ahora son posibles esos nuevos mundos virtuales en los que viviremos como en el real. Los gigantes de Silicon Valley apuestan por que las reuniones, pero también los exámenes o el ocio y las compras serán en un metaverso. Esperemos que estos metaversos sean buenos para todos y Mark no vuelva a hacer de las suyas.

Iñaki Ortega es doctor en economía y profesor de la Universidad Internacional de La Rioja

 

lunes, 28 de junio de 2021

Juegos muy serios


(este artículo se publicó originalmente en el periódico 20 Minutos el día 28 de junio de 2021)


Ahora que comienzan las vacaciones escolares, si tienes cerca un adolescente (y conexión wifi) es muy probable que le oigas gritar, reír y hasta patalear a solas encerrado en su cuarto. No te alarmes, no está poseído por el demonio. Tampoco te enfades pensando que ha montado una fiesta en tu casa. Simplemente está jugando.

Jugar es consustancial a la edad infantil. Y menos mal. Los psicólogos aseguran que los juegos infantiles facilitan la creatividad y el aprendizaje. Además, fomentan la autoestima, hacen sonreír, focalizan la atención y segregan endorfinas, la hormona de la felicidad. Pero a pesar de todo eso, algunos adultos nos hemos empeñado desde hace unas décadas en que jugar es malo. Me explico. Todo comenzó a mediados de los ochenta del siglo pasado cuando, gracias a la tecnología, los videojuegos llegaron a los hogares. Los videojuegos se habían inventado un poco antes, pero el paso de jugar al Comecocos en los salones recreativos a hacerlo en casa con la irrupción de los ordenadores portátiles marcó todo un hito. La generación de la EGB se acostumbró a videojuegos como Super Mario Bros con las famosas consolas de Nintendo o los Spectrum. Y jugar que había sido una sana costumbre para los niños a lo largo de la civilización, comenzó a ser vista como una amenaza para su futuro. Los padres de entonces (y los de ahora) despotricaban de esos chismes que distraían a los chavales de estudiar y labrarse un buen futuro. Nada más lejos de la realidad. Me cuenta el profesor madrileño José Cuesta que hoy la tecnología que soporta los videojuegos es una herramienta clave para la competitividad de las empresas ya que les ayuda en su transformación digital. Por ejemplo, usando la realidad virtual de los videojuegos se posibilita la monitorización de una planta industrial. Pero si agrupamos el uso de tecnología de los videojuegos en las empresas aparecen tres grandes campos: la selección de personal, el entrenamiento de habilidades y las simulaciones virtuales. Y esto no ha hecho más que empezar porque gracias a que millones de jugadores se divierten, se ha creado una industria que no deja de crecer e invertir en mejorar hasta límites insospechados los videojuegos. Esa sofisticación de los juegos digitales tiene aplicaciones en la salud, con las cirugías en remoto o en la seguridad del mundo, usando la realidad virtual para evitar catástrofes o atentados terroristas. El cine y las nuevas plataformas de televisión actuales tampoco se entenderían sin la calidad técnica de los videojuegos.

Esta afición exige destrezas como la rapidez de respuesta, la memoria visual o la concentración. Y por si fuera poco la tecnología de hoy permite jugar con tus amigos, aunque cada uno esté en su casa, fomentando el trabajo en equipo. Hay quien se ha atrevido a bautizar como “juegos serios” este fenómeno porque mezcla aprendizaje y diversión. Por eso cuando oigas ese jaleo en la habitación del adolescente, alégrate porque está preparándose para la economía digital y el nuevo mercado laboral.

 

Iñaki Ortega es doctor en economía y profesor de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR)