lunes, 17 de febrero de 2025

La mayoría de edad (de Europa)

(este artículo se publicó originalmente en el periódico 20 Minutos el 17 de febrero de 2025)

Desde un punto de vista legal en la mayoría de los países europeos los 18 años es la frontera para alcanzar la vida adulta. Eso supone poder conducir, comprar alcohol, entrar en una discoteca, pero también votar, adquirir una casa o hasta ir a la cárcel. Otra cosa diferente es emanciparse, o lo que es lo mismo vivir independiente y asumir responsabilidades fuera del hogar familiar. Ahí la edad media supera los 26 años en Europa. No es fácil, porque además de un empleo que permita pagar gastos básicos como vivienda o alimentación, supone tener que gestionar imprevistos y ser muy consciente de que ya no hay padres para ayudar o vigilar que todo es correcto. Eso hace que cada año la edad de emancipación se retrasa, hasta que ya es insostenible seguir en casa de los padres, bien por edad o bien porque los progenitores dicen basta.

Europa se encuentra en este momento de emancipación, pero no voluntaria. Llevamos décadas retrasando la decisión de ser independientes en materia de defensa. Nos hemos acostumbrado a que la responsabilidad de protegernos de los enemigos externos recaía en Estados Unidos. Y ahora, sin darnos cuenta, nos han abierto la puerta para salir del calor del hogar. La administración Trump llevaba meses avisando, el nuevo presidente lo había dicho en mítines, en los debates electorales y hasta en artículos y documentos, pero los europeos -como esos hijos consentidos- hemos hecho caso omiso. Nos pedían los americanos aumentar nuestro presupuesto en defensa, pero nosotros preferíamos plantar árboles; exigían tropas para proteger las fronteras, en cambio nosotros defendíamos acuerdos comerciales con el enemigo para aplacarles; rogaban luchar juntos contra las plataformas digitales chinas pero nosotros optamos por poner multas e impuestos a las redes sociales americanas… La realidad es muy parecida a esos hijos que los padres les piden que ahorren para independizarse pero siguen saliendo a cenar todos los días, que respeten los horarios y sean corresponsables de las tareas hogareñas, pero siguen comportándose como menores de edad cuando superar los treinta, hasta que un día te encuentras las maletas en la puerta.

Estados Unidos y Europa compartían un hogar: Occidente, pero no los gastos. A los europeos nos gustan los impuestos y las normas, en cambio odiamos las armas y Trump ha dicho hasta aquí hemos llegado. Si vivimos juntos, asumimos las cargas (y beneficios) juntos y si no es así, a emanciparse toca. El nuevo gobierno americano ha tomado decisiones en una clara dirección: Europa ya no es parte de mi familia y tendrá que formar la suya propia con lo que ello supone, desde pagar su ejército a defender sus intereses en una jungla mundial en el que no es el más fuerte y ni siquiera puede aspirar a tratar de tú a tú al grupo de los que toman las decisiones: todos ellos armados hasta las cejas con muchas bombas y poca ética.

Emanciparse nunca es sencillo, pero siempre imprescindible para ser consecuente con la edad que reza el DNI. Europa es mayor de edad y ahora ha de demostrarlo, será difícil y será mejor para todos.


Iñaki Ortega, es doctor en economía en UNIR y LLYC 

domingo, 16 de febrero de 2025

“Madman Theory” y la política trumpista

(este artículo se publicó originalmente en el diario El Levante el 15 de feberero de 2025)

Octubre de 1969, el presidente de Estados Unidos ordena a una docena de aviones militares cargados de armas nucleares que atraviesen Alaska y vuelen cerca de territorio soviético. Es la Guerra Fría con un enquistado conflicto en Vietnam, la maniobra de Richard Nixon pretendía que los rusos creyesen que estaba dispuesto a usar armas nucleares. Años después su jefe gabinete lo explicó en el libro “Los fines del poder” y acuñó la teoría el loco (Madman Theory) como la táctica usada por Nixon para hacer creer al enemigo que podría apretar el botón nuclear.  El presidente estadounidense quería que los líderes soviéticos pensaran que era lo suficientemente impredecible como para usar armas nucleares si no se llegaba a un acuerdo favorable para su país, de ahí esos bombarderos volando a metros del espacio aéreo soviético para así demostrar su disposición real a usar fuerza extrema.

La estrategia no es nueva, son varios los investigadores que han demostrado que un estadista puede formular amenazas más efectivas si es percibido como demente por las naciones rivales. “Si el líder es capaz de transmitir que está loco de forma limitada a un tema concreto, entonces a veces puede tener éxito”. Mas allá de la política, esta técnica de negociación consiste en hacer que la otra parte crea que eres capaz de tomar decisiones irracionales o extremas si no se cumplen tus demandas. La idea es que el miedo a lo impredecible lleve a la otra parte a ceder en la negociación para evitar consecuencias negativas.

Ahora que Trump comienza su segundo mandato con polémicas medidas conviene no olvidar esta teoría repasando en primer lugar el pasado reciente. En 2017 siendo presidente amenazó que respondería con “fuego y furia” si Corea del Norte atacaba los intereses de Estados Unidos en el mundo; no hubo ataque porque los coreanos no escalaron la tensión Unos meses antes anunció a bombo y platillo la construcción de un muro en la frontera con México que pagarían además sus propios vecinos del sur; tampoco se inició esa muralla porque el país azteca aplicó una restrictiva política migratoria.

Pero si ahora analizamos sus primeras decisiones veremos la misma táctica. Anunciar que Estados Unidos debía “recuperar” el Canal de Panamá y así conseguir -con el miedo a una invasión- retirar a los chinos del control de esta vía de transporte. O pasarse toda la campaña alardeando de que su palabra favorita del diccionario es aranceles para en los primeros días tras su toma de posesión firmar una orden de un 25% de impuestos al comercio con México y Canadá que se retira tras conseguir 10.000 soldados respectivamente en sus fronteras del norte y sur pagados por Sheinbaum y Trudeau.

Trump podrá ser un bravucón, pero no es estúpido. Por ahora la estrategia del loco con los aranceles le ha funcionado y veremos si la de exigir Groenlandia se salda o no con un mayor presupuesto de defensa de la Unión Europea. Tampoco ha de descartarse que la boutade de acabar con la guerra de Ucrania en 24 horas o los resorts de Gaza, traigan al fin y a la postre una paz en la zona acorde a los intereses americanos, que por otro lado siempre serán mejores para nosotros que los del imperialismo ruso o los terroristas islámicos.

Decía que Trump tiene verbo flojo, aunque capacidad contrastada para los negocios. Y el presidente americano es el que menos interés tiene en una guerra comercial, aunque demuestre lo contrario. De hecho, su fortuna familiar está basada en esa apertura, pero sobre todo la prosperidad del mundo y en particular la de Estados Unidos está construda sobre el libre comercio. Ha sido así desde el nacimiento de la nación americana que se benefició de la desaparición del régimen económico mercantilista de la Europa de los siglos XVI, XVII y XVIII basado en aranceles para proteger su industria. Estados Unidos también en 1947 fue uno de los principales impulsores y firmantes del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT). Tras la Segunda Guerra Mundial el país de Trump buscaba promover la recuperación económica global y evitar los errores proteccionistas que habían contribuido a la Gran Depresión. Por ello, apoyó la creación del GATT para reducir barreras comerciales y fomentar el libre comercio. Es más no se entiende el exitoso “soft power” americano en el mundo sin sus multinacionales que han convertido la cultura estadounidense con su cine, moda y hasta comida en el principal atributo para seguir siendo el primer país del mundo.

Por eso y mucho más, cuando veamos a Trump fuera de sí firmando órdenes inopinadas de aranceles recordemos la frase que Maquiavelo en el siglo XVI dejó escrita “en ocasiones una cosa muy sabia es simular locura”.

Iñaki Ortega es doctor en economía en UNIR y LLYC

martes, 11 de febrero de 2025

Una infiltrada en los Goya

(este artículo se publicó originalmente en el diario 20 Minutos el día 9 de febrero de 2024)

En plena Ilustración, la desconfianza a una universidad reacia a las nuevas ideas propició la creación de las academias que no eran otra cosa que sociedades culturales generalmente agrupadas por disciplinas. A lo largo de los siguientes siglos se fueron creando las academias de la historia, la de bellas artes o la de ciencias morales. Todas tenían por costumbre premiar a los mejores de su ámbito cada año. En España y en todo el mundo. Quizás los galardones más conocidos son los premios Nobel de la academia sueca que datan de 1901, aunque los que han cogido protagonismo en la era audiovisual son los premios Oscar de la academia estadounidense del cine que se entregan desde 1929.

Aquí no fue hasta mediados de los ochenta cuando se crea la academia española del cine y con ello la entrega de los premios Goya. Años antes los franceses instauraron sus premios Cesar y los italianos los David; todos a imagen y semejanza de Hollywood buscaban no solo el reconocimiento a los mejores sino también la promoción del cine patrio con una gala siempre televisada repleta de estrellas y actuaciones.

Me gusta ver los Goya, aunque reconozco que desde hace años a regañadientes por la intromisión de la política. Los cineastas acaban creyendo que su ideología es la de sus espectadores y se empeñan en convertir la gala en una sucesión de consignas. 

Desde el No a la Guerra contra Aznar, pasando por las críticas a Rajoy por las políticas de vivienda o los lugares comunes de actores y actrices denunciando el cambio climático o la condena al franquismo, como si no fuese algo compartido por una inmensa mayoría. Pero al mismo tiempo en estos años jamás una mención al auge del populismo de izquierdas o del independentismo y apenas algún comentario sobre el terrorismo etarra. Por supuesto los asuntos sociales ocupan más espacio en las intervenciones en el caso de que gobierne la derecha, ya que si es un partido progresista el que manda, los asuntos como las guerras en la que participa España, la pobreza o la corrupción desaparecen de la agenda. Un experimento sencillo es comprobar si el bar donde toma usted el café se habla de las mismas cosas que escuchamos a los actores.

Aun así, soy uno de los siete millones de españoles que me atornillo al sofá de casa para ver la entrega de los premios. Siempre descubro una película que se me escapó de la cartelera y eso me permite reconciliarme con el buen cine español, a pesar de los pesados que se empeñan en agradecer el premio a todos los amigos de su cuadrilla amén de padres, cuñados y sobrinos. Pues bien, esa era mi actitud la noche de este sábado, tirando a arrepentido, después de casi cuatro horas de ceremonia, cuando la Academia sorprendió, a eso de la 1.30 de la madrugada, concediendo el premio a la mejor película "ex aequo" a dos títulos, El 47 y La infiltrada. 

Y María Luisa Gutiérrez, la productora de la película de una policía que se hace pasar por etarra para detener a los terroristas, tomó la palabra. Y lo que nunca se escucha en los Goya pudo oírse: "la democracia se basa en la libertad de expresión, y esta se sustenta en que, aunque yo esté en las antípodas de lo que piensas tú, te respete y tengas el derecho a decir lo que piensas". Ninguna idea es mejor que otra y ningún asunto debe ser vetado: "es una historia (la de las víctimas de ETA) que hay que recordar, porque la memoria histórica también está para la historia reciente de este país".

Me acosté pensando que esta academia sí era la misma que las del Renacimiento que nacieron para expresar lo que no se podría decir en otros foros. Que dure.

Iñaki Ortega es doctor en economía en UNIR y LLYC

viernes, 7 de febrero de 2025

El efecto pendulo

(este artículo se publicó originalmente en el diario 20 Minutos el día 3 de febrero de 2025)

No hace falta desempolvar un manual de cuando estudiabas bachillerato para recordar que un péndulo puede ser cualquier objeto colgado de un hilo que con un movimiento oscila de un lado a otro. La ley física que lo explica está basada en la gravedad y Newton lo resumió con su famosa máxima: para cada acción, hay una reacción igual y opuesta.

El movimiento del péndulo se usa en los relojes que estaban en los salones de nuestros abuelos o en esos aparatos, los metrónomos, que usan los pianistas para seguir el compás y aunque no lo sepas, también en los móviles de hoy en día para contar pasos o girar la pantalla.  Pero lo más actual no es la aplicación a los smartphones de este principio de la física que Galielo Galilei estudió hace cinco siglos. El efecto péndulo permite explicar perfectamente la conducta de una gran mayoría de personas de nuestro tiempo. Comportamientos generalmente extremos que tienen impacto en la economía, en la política y en las relaciones sociales.


Los psicólogos lo están estudiando y han llegado a la conclusión de cómo las personas, cuando están ancladas en un comportamiento radical que se quiere abandonar, necesitan explorar el lado contrario. Sin embargo, este cambio no se produce, por desgracia, de manera paulatina, sino que es pendular, yéndose estas personas, por tanto, de un polo a justo el contrario.

En el ámbito económico se observa en las políticas fiscales y monetarias. En tiempos de crisis, las autoridades recurren a medidas de estímulo agresivas, como la inyección de dinero con bajos tipos de interés o reduciendo impuestos, para fomentar el crecimiento y el consumo. Sin embargo, una vez superada la crisis, optan por drásticas medidas en la dirección opuesta, como el aumento de las tasas de interés o los recortes en el gasto público, con el fin de controlar la inflación y reducir la deuda.

Lo estamos viendo también con las políticas medioambientales en las que se ha pasado de una superproducción normativa de leyes ecologistas al momento actual de frenazo en seco. Por no hablar del control de las redes sociales con la verificación de datos que hasta hace poco era toda una censura previa para ahora haberse eliminado y dejar que reine la ley del más fuerte en las plataformas sociales.  En el terreno político, el péndulo se manifiesta en la alternancia entre gobiernos de derecha e izquierda. Lo hemos vivido en España y ahora en Estados Unidos, un partido llega al poder, e implementa inmediatamente políticas que buscan revertir las medidas de sus predecesores. Da igual que sean buenas o malas. Y qué decir de cómo la actriz española transexual Karla Sofía Gascón ha pasado de la noche a la mañana de heroina a villana.

Nada que no se vea en nuestro ámbito más cercano, como ese familiar conocido por sus excesos y ahora se acuesta a las diez para correr maratones y hacer ayuno o esa amiga que defendía la vida ordenada y familiar hasta que un cambio de estado civil le lleva a prácticamente vivir en los bares de copas

Por eso frente a la vieja ley del péndulo me atrevo a recomendarte que nos quedemos con Aristóteles y su también antigua defensa de que en el punto medio está la virtud. No es fácil porque la fuerza de gravedad es potente, pero se trata de hacer un esfuerzo e intentarlo. A todos nos iría mejor.

Iñaki Ortega es doctor en economía en UNIR y LLYC

domingo, 26 de enero de 2025

Enamorados

(este artículo se publicó originalmente en el periódico 20 Minutos el día 20 de enero de 2025)

Los españoles que ya han superado los cincuenta son felices. Así podría afirmarse si ese estado de ánimo tiene que ver con la ausencia de problemas de salud o económicos y con que el amor esté muy presente en sus vidas. El último barómetro senior de la Fundación MAPFRE ha estudiado cómo son los más de 16 millones de españoles mayores de 55 años que suponen una de cada tres personas de nuestro país. Agárrense que hay curvas, a la vista de los hallazgos.

Los resultados muestran un grupo de edad sin preocupaciones económicas (58%) que además confían en que su bienestar no empeorará (73%) y eso permite que más de 8 millones de seniors -la mitad del colectivo- ahorre todos los meses. También una mayoría aplastante (80%) cuida su alimentación o hace ejercicio físico (58%) lo que da sentido a que apenas visiten el médico, en concreto casi ocho de cada diez van menos de una vez por mes.

Tener resueltos estos temas es importante pero muchas veces no garantiza la felicidad, en cambio querer y sentirse querido aparece siempre en cualquier estudio como uno de los elementos para una vida plena. Y los españoles mayores responden masivamente (84%) que están enamorados. Casi diez millones de españoles beben los vientos por su pareja, sienten esas mariposas en el estómago y conforme a este barómetro, algo más. Porque el estudio les ha preguntado por su vida sexual, algo tabú hasta ahora. De hecho, conviene recordar que hasta hace poco la estadística oficial de hábitos familiares dejaba de preguntar por la vida íntima a las cohortes que superaban los sesenta años.

Pues bien, los seniors defienden (63%) que el sexo es clave para una buena calidad de vida; la mitad de ellos está satisfechos con su vida sexual…de lo que se infiere que a unos cuantos millones de canosos les gustaría algo más de actividad sexual. Así que, -también teniendo en cuenta de que con la edad se pierde el deseo (57%)- algunos de ellos, cientos de miles, se han lanzados o bien a la botica para mejorar sus relaciones o bien a plataformas de citas en internet para encontrar una pareja para ese sexo que añoran. Que nadie piense que en un grupo tan amplio como los seniors, esto solo sucede en los más jóvenes de ellos, es decir en los que tiene cincuenta o sesenta, porque los porcentajes mencionados se mantienen muy altos también en los septuagenarios en incluso en los que están en lo ochenta o más. La única diferencia aparece en el género. Y es que, los hombres seniors son más enamoradizos que ellas, dan mucha más importancia al sexo que las mujeres (74% frente a 53%) y les gustan mucho más las pastillas para mejorar su vida íntima. No obstante, las seniors que utilizan las aplicaciones para ligar son nada más y nada menos que el doble que los hombres.

Ahora después de leer estos datos, por favor, a quitarse esos clichés absurdos sobre la edad y a redescubrir que todos esos seniors que tenemos delante.

 

Iñaki Ortega es doctor en economía en UNIR y LLYC

Egopolítica

 (este artículo se publicó originalmente el 17 y 18 de enero en los periódicos del grupo Prensa Ibérica)


Cuando un presidente por decreto adelanta la Navidad al uno de octubre o cuando el político más poderoso del mundo presume de que su palabra favorita del diccionario es arancel, es que la egopolítica ha llegado para quedarse. Maduro y Trump, salvando las distancias entre el dictador venezolano y un electo por las urnas, responden a ese término que el CIDOB ha popularizado o lo que es lo mismo, cuando el narcisismo toma los mandos del poder.

El triunfo del ego no es nuevo, de hecho, en el coctel de cualquier liderazgo siempre ha habido altas dosis de autoestima, la novedad ahora es que no se compensan ni balancean con voluntad de sacrificio o generosidad, sino que el ego ha secuestrado al carisma del líder. Los ejemplos se van a extender en 2025 por todas las geografías; no afectan a una orientación política concreta y tampoco será una cuestión de dictadores porque son muchos los políticos gamberros que ganan elecciones mirándose el ombligo.

Un presidente que enseña una motosierra en sus apariciones públicas u otro que exige que su pueblo se corte el pelo como él. Javier Milei en una Argentina democrática o el tirano Kim Jong-un en Corea del Norte alardean de un ego desbocado sin pudor alguno.  Nada diferente al déspota Putin que se graba videos montando a caballo con el torso desnudo mientras sus tropas mueren en combate o de Bukele presidente de El Salvador que decreta muy ufano ser el primer país bitcoin cuando gran parte de su población no tiene acceso a internet.

En este 2025 veremos mucha egopolítica, que, aunque tiene las mismas letras que geopolítica, no se parece en nada. La geopolítica que estos años ha marcado la agenda internacional no era otra cosa que cómo los Estados usaban la economía como arma de influencia fuera de sus fronteras. El famoso “soft power” acuñado por el profesor Joseph Nye también explica lo anterior, ya que según ese término los países pueden influir en otros sin necesidad de guerras sino valiéndose de la cultura o la ideología. Pero eso parece ya cosa del pasado, ahora lo que cuenta es el histrionismo.

Viktor Orban, en plena presidencia húngara de la Unión visitando a una Rusia que amenaza a sus propios socios europeos o el líder de la ultraizquierda gala, Melenchon, ganador de las últimas elecciones, apoyando el uso del manto islámico mientras abraza el antisemitismo.  Georgia Meloni, primera ministra italiana que cita personajes de la "Historia Interminable" en sus mítines a la vez que es capaz de poner mala cara al mismísimo Macron o presentarse de improviso en la residencia vacacional de Trump. Y qué decir de un presidente chino como Xi Jinping que tuvo en paradero desconocido al jefe de su diplomacia, pero se pasea por Rusia, Irán o Cuba dando lecciones de pacifismo. La mexicana Claudia Shenenbaun no se queda corta exigiendo disculpas a España por su legado a la vez que quiere que los jueces se elijan por el pueblo. Dejo para el criterio del lector si el lapso de cinco días en la presidencia de Pedro Sánchez por cuestiones domésticas se incluye en esta ristra de ejemplos donde prima el ego frente a otras consideraciones.

La egopolítica es consustancial al auge de las redes sociales como herramienta de conformación de la opinión pública. Mensajes impactantes, exabruptos, imágenes sorprendentes o sobreactuaciones triunfan en internet, pero también en las más altas magistraturas de todo el mundo. Parece como si la inmediatez de los videos cortos o el poder del “clickbait” (contenidos de internet que captan la atención de los usuarios mediante títulos sensacionalistas) hayan desembocado en la política. Alguien dirá que siempre hubo tabloides o prensa amarilla, que las noticias engañosas no son nuevas o hasta que partidos gamberros se han dado en la historia sin ir más lejos en España con Jesús Gil o Ruiz-Mateos… la diferencia es que hoy todo es amarillo, todo es exabrupto; de la excepción hemos pasado a la norma.

El fenómeno de Se Acabó La Fiesta y Alvise con 800.000 papeletas o Bildu de Arnaldo Otegui con casi 350.000 electores, explican también esta egopolítica donde personajes como Otegui o Alvise son votados por ciudadanos de clase media y muy cualificados. Ya no son extremistas sus seguidores sino personas formadas y con criterio que usan su voto sin tener en cuenta lo anterior. También puede ayudar a entender el fenómeno que un emprendedor como Elon Musk admirado por sus logros empresariales irrumpa en la política, pensando que exitos pasados en los negocios garantizan éxitos futuros en la cosa pública; su ausencia de filtro alguno tendrá consecuencias imprevisibles como se ha visto estos días en el Reino Unido y Alemania. 

La letra de la canción “Malos tiempos para la lírica” es la constatación del contraste entre la belleza de la naturaleza y la cruda y fea realidad. Si en los años 80 el grupo gallego Golpes Bajos convirtió esta canción en un himno de su generación al mismo tiempo que lograba poner de moda esa lírica que parecía desfasada, ahora tendremos que cantar con ellos que son malos tiempos para la buena política, precisamente porque a base de repetirlo quizás conseguiremos que el sentido común, el acuerdo y el pragmatismo regresen a los asuntos públicos.

 

Iñaki Ortega es doctor en economía en UNIR y LLYC


martes, 14 de enero de 2025

El tamaño importa (en la financiación de empresas)

(este artículo se publicó originalmente en la red académica The Conversation el 14 de enero de 2025)


Las pymes, las pequeñas y medianas empresas, son el vehículo en que las ideas se implementan y, por ello, los agentes más importantes en la creación de nuevos empleos, lo que las ha convertido en motor del desarrollo. Hoy existen pocas dudas sobre ello en el ámbito académico, político e incluso en la opinión pública, pero para lograr que todos lo veamos así ha sido necesario un cambio de escala gradual.

Comenzó tímidamente en los años ochenta, coincidiendo con el redescubrimiento del valor de la pequeña iniciativa empresarial en la economía, y no llegó a ser evidente hasta finales de los años noventa y principios de este siglo. Durante ese período, jalonado por crisis importantes, se produce un cambio de escala en los pilares de la política económica. En las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, en los países desarrollados, las ideas de John Kenneth Galbraith Galbraith alentaron una estrategia de crecimiento económico basada en las grandes empresas, y se consideraba a las pymes unidades productivas condenadas a la ineficiencia por su reducida dimensión. A partir de los ochenta, en cambio, se constata la pérdida de competitividad de la gran empresa.

Los efectos económicos positivos de las pymes para un país explican que instituciones públicas y privadas hayan querido apoyar al colectivo de las pymes durante los últimos más de cien años, al principio tímidamente con leyes como la Sherman Antitrust en EE. UU. en el año 1890 y luego ya mas intensamente tras la crisis del petroleo, luchando contra los fallos de mercado (o de gobierno) que les impiden crecer.

Este cambio de escala en las políticas empresariales apenas ha sido estudiado, mientras que las actuaciones públicas gozan de gran producción académica. Puede entenderse su importancia con el ejemplo de un caso concreto y de actualidad: la financiación especializada del Banco Sabadell, aunque podría también estudiarse los casos del extinto Banco Popular o de los exitosos y consolidados bancos americanos Chase Bank y Bank of America.

Tanto los dos bancos españoles como las entidades financieras estadounidenses, tan antiguas como esa primera ley americana de apoyo a las pymes, han estado ofreciendo productos y servicios financieros a este tipo de compañías durante muchas décadas, adaptándose a las necesidades cambiantes de las empresas y sabiendo ayudar a la pequeña escala en todas las coyunturas.

El Sabadell fue fundado a finales de 1881 por un grupo de más de cien pequeñas empresas, todas talleres, industrias y comercios locales. Se unieron para financiar y proporcionar apoyo a las industrias textiles y manufactureras de la región, en plena expansión, pero con dificultades crecientes de acceso al crédito. Esa clara vocación fundacional de apoyo al tejido industrial y comercial de su entorno permitió al banco vallesano crecer rápidamente. Además, la cercanía casi física a sus clientes, de los que muchas veces se convertía en socio estratégico, le aportó un valor diferencial.

Las necesidades de las pymes han cambiado de forma radical a lo largo de los últimos 143 años, pero también el paso del tiempo ha demostrado la importancia de la anticipación, el acompañamiento y la asesoría con ese pequeño tejido empresarial desde la época de la Restauración hasta el momento actual. La base del servicio ha sido siempre el conocimiento profundo de los distintos sectores de actividad, así como la aportación de crédito a cortísimo plazo, casi siempre la necesidad más apremiante para este tipo de empresas especialmente en momentos de crisis económicas, desde la Gran Depresión de 1929 a la de 2008, hasta la más reciente provocada por la pandemia de covid-19.

La industria textil catalana fue la primera gran beneficiaria de esa aportación, pero poco a poco fueron añadiéndose otros sectores y colectivos en el resto de España. De hecho, hoy es difícil encontrar una asociación de autónomos o un mercado municipal que no haya recibido la visita de un empleado de este banco español. Algunos ejemplos de esta política empresarial para ese colectivo que pueden considerarse como buenas prácticas serían la mencionada financiación a corto y medio plazo, y especialmente los créditos a la exportación, o la adopción de tecnologías para el comercio electrónico y la automatización; sin olvidar la financiación alternativa como es el venture debt para pymes tecnológicas. Para valorar el impacto de todas estas herramientas en el tejido empresarial español, basta mencionar que la entidad gestiona más del 41.2 % del crédito relacionado con pymes.

Algunos economistas han argumentado que, en un momento de restricción crediticia como el que siguió a la gran crisis de 2008, la llamada “banca relacional” debía jugar un papel clave en la ayuda a las pequeñas y medianas empresas. Lo definían como un modelo que pondera positivamente el contacto cercano con los prestatarios, ya que produce una mejora de la productividad de la contratación de crédito, especialmente en el caso de las pymes. De ello, esos autores extraían una consecuencia: las entidades financieras de menor tamaño, por su mayor conocimiento del territorio y contacto más cercano con la clientela, son las que en el pasado habían extraído mayor ventaja.

Fruto del proceso de reconfiguración bancaria tras esa crisis financiera, pocas entidades quedan de ese esfuerzo por acercarse a las pymes. El ejemplo del hoy desaparecido Banco Popular, clásico líder de la financiación a pymes, es una muestra de lo anterior. No podemos permitirnos que el tamaño importe para mal en la financiación bancaria y las pequeñas empresas se queden sin suficientes entidades que les entiendan y les ayuden. Una oferta especializada a la pequeña escala, como las vistas en este artículo, evidencian cómo desde la iniciativa privada se puede apoyar la fortaleza y el crecimiento de las pymes sin perjudicar la cifra de negocio y, por supuesto, la sostenibilidad de las finanzas públicas. Al mismo tiempo es un acicate para que más agentes privados tomen ejemplo y se incorporen a esta estrategia exitosa de asociación con las pymes.


Iñaki Ortega es doctor en economía y profesor en UNIR