(este artículo se publicó originalmente en el periódico Ethic el 29 de abril de 2026)
jueves, 30 de abril de 2026
Todo lo que sabes sobre los mayores es mentira
lunes, 27 de abril de 2026
Tanques o mantequilla
(artículo publicado en el diario 20 Minutos el día 27 de abril de 2026)
Este viejo dilema es usado por los economista para ilustrar un principio clave de la ciencia social. Los recursos son escasos, por tanto, hay que elegir a qué dedicarlos. Si un país invierte en seguridad, es decir gasta más en sus presupuestos en defensa -léase tanques- quedarán menos ingresos para dedicar a otras cuestiones, por ejemplo, gasto social u otros bienes básicos, de ahí lo de mantequilla que era un elemento clave de la alimentación de la población cuando se acuñó la frase que titula este artículo.
Al parecer en los años 30 del siglo pasado, en pleno proceso de entreguerras, Alemania apostó por rearmarse para lo cual necesitaba hacer fuertes inversiones, aunque eso fuese a costa de la escasez de alimentos. Las autoridades defendían por aquel entonces que “la alternativa era entre el hierro de los cañones y los tanques que hacen fuertes a los países, o bien la manteca que solo engorda a la gente”. Una década después el profesor y Nobel de economía Samuelson ilustró sus manuales de economía con esta expresión para de una manera sencilla hacer entender qué es el coste de oportunidad. Básicamente que el dinero es finito, y si lo dedicas a una cosa, dejas de hacer otras
Ahora de nuevo la expresión “tanques o mantequilla” ha vuelto a la actualidad. En Ucrania han resuelto la disyuntiva con un préstamo de la Unión Europea que le permitirá seguir gastando en cientos de miles de drones para defenderse de Rusia sin que sus ciudadanos pierdan sus pensiones o su sistema público de salud. Estados Unidos también tiene una encrucijada porque su guerra en Irán le supone millones de dólares cada día por tener a su ejército en Oriente Medio que hay que financiar con deuda o impuestos a una población que empieza además a sentir el alza de los precios. Por aquí también se aplica la famosa dicotomía: desde el gobierno americano ya se habla de expulsar a España de la OTAN por la posición de Pedro Sánchez de no querer colaborar en la operación especial de Irán. Pero el presidente español considera que su discurso pacifista le otorga más apoyos de cara a las siguientes citas electorales. De nuevo el concepto de coste de oportunidad aparece: el enfrentamiento con a los aliados occidentales por no apoyar un aumento de gasto en defensa, otorga votos, pero la consecuencia es que esos socios dejarán de traer inversiones a nuestro país. Si para Trump la cuestión es “tanques o votos” para Sánchez será “pancarta o mantequilla”.
En mis clases explico que este dilema de lo que gasto en una cosa no lo puedo gastar en otra, se resuelve haciendo más grande la propia economía. Si se logra crecer lo suficiente el PIB habrá recursos para todo. Parece fácil en el gráfico que pinto en la pizarra, mucho más complejo en la realidad.
Iñaki Ortega es doctor en economía en UNIR y LLYC
lunes, 20 de abril de 2026
Cucarachas y medusas
(este artículo se publicó originalmente en el periódico La Información Económica el día 16 de abril de 2026)
domingo, 12 de abril de 2026
Elefante en la habitación
(este artículo se publicó originalmente en Business Insider el día 7 de abril de 2026)
(este artículo se publicó originalmente en Business Insider el día 7 de abril de 2026)
Desde que el ser humano se sentaba alrededor del fuego en una cueva, las historias y los cuentos le han acompañado como las herramientas más potentes para trasladar conceptos complejos. Mucho antes de la imprenta, la radio, la televisión o las redes sociales y encima han sobrevivido a todas ellas. Prueba a contar una historia y verás como se recuerda frente a cualquier presentación corporativa o hasta personal que se olvida inmediatamente o, peor aún, siquiera se presta atención. En cambio, las historias son poderosas. Los anglosajones, tan dados a inventar conceptos sintetizados en una única palabra, lo han llamado storytelling y es la herramienta que cualquier CEO ha de dominar. Pero no basta con contar una historia cualquiera, si no serás un cuentista en su peor acepción del diccionario. Hay que atreverse a contar lo que verdaderamente importa, ser valiente para prepararse ante las verdades incómodas.
Miles de años después de que se acuñaran, algunas historias siguen siendo igual de útiles para explicar lo que preferimos ignorar o lo que nadie se atreve a decir. Entre esos cuentos que atraviesan culturas y siglos está el del elefante en la habitación, un paquidermo que todos ven y nadie tiene arrestos de reconocer.
Al parecer su origen está en la India antigua, cinco siglos antes de Cristo. En un cuento budista, varios hombres ciegos tocan distintas partes de un elefante y cada uno describe una realidad distinta: una serpiente -por la textura de la piel- una columna -por la fortaleza de las patas-, un abanico -por las grandes orejas- o una lanza -por el puntiagudo cuerno-. Ninguno miente, pero tampoco acierta. La enseñanza del cuento es que la verdad puede estar delante de nosotros y aun así no verla completa. Esa imagen viajó durante siglos desde Asia a Rusia, de ahí al Reino Unido documentándose en sus respectivas literaturas hasta transformarse gracias a un periódico de Nueva York en la expresión que hoy todos conocemos: “el elefante en la habitación” Con ella se describe una verdad evidente, incómoda o problemática que todos ven, pero nadie quiere mencionar. Su fuerza está en la imagen, algo tan grande como un elefante sería imposible de ignorar salvo que uno prefiera hacerlo deliberadamente.
En el mundo corporativo, los elefantes suelen ser problemas estratégicos, tensiones internas, decisiones aplazadas o riesgos reputacionales que se esconden bajo la alfombra esperando que desaparezcan solos. Nunca lo hacen. Un CEO que no afronta sus elefantes está condenado a tropezar con ellos en el peor momento. Llegará un consejo de administración, una entrevista con un medio de comunicación o una crisis y por no haber reconocido a tiempo ese elefante no sabrá qué decir...lesionará inevitablemente su futuro como primer ejecutivo. En todos los despachos de los consejeros delegados debería haber una pizarra con los elefantes de la empresa y los argumentos para contrarrestarlos. La audacia de reconocerlos será premiada cuando lleguen los malos tiempos, que llegarán, porque nadie puede esconder un elefante, y menos en los tiempos que nos ha tocado vivir.
Hay más historias, que también superan varios siglos, que redundan en el mismo concepto, lo que demuestra que desde siempre el hombre ha estado preocupado por la necesidad de la audacia y de atreverse a decir la verdad. El genial escritor danés Hans Christian Andersen escribió en 1837 un cuento titulado “El traje nuevo del emperador”. Un presumido monarca buscando siempre los mejores tejidos para sus vestidos, es engañado por unos comerciantes que le ofrecen una tela tan ligera y delicada que solo las mentes más sofisticadas pueden verla. Le cobran un dineral por nada, ya que le hacen creer que el tejido es invisible a ojos necios y en realidad no hay tela alguna.
Un día desfila convencido de llevar un traje magnífico, cuando en realidad va desnudo, mientras todo el mundo calla por miedo a pasar por gañanes al no apreciar el delicado material. Hasta que un niño dice lo obvio, “el Rey va desnudo” y toda la muchedumbre comienza a reír. Una recordable imagen del peligro de dejarse llevar por lo que todo el mundo piensa y por la cobardía de no reconocer un problema que es obvio. La audacia del niño es una potente metáfora de cómo el CEO en una empresa no puede abandonar la ingenuidad del primer día para acabar convirtiéndose en el Rey del cuento cegado por el ego y la soberbia del poder corporativo. Al mismo tiempo, emplaza al primer ejecutivo de la compañía a contar con equipos honestos que no teman decirle que está desnudo por miedo a echar por tierra sus carreras.
Estas historias, tan distintas en origen y época, comparten una misma enseñanza: la verdad permanece, aunque nadie quiera verla. Y en un mundo donde la comunicación es tan estratégica como las finanzas, los líderes no pueden permitirse ignorar. Un CEO que quiera ejercer un liderazgo audaz debe conocer sus elefantes —los propios y los de su empresa— antes de que lo hagan los periodistas, los reguladores o los mercados. Debe anticipar las preguntas incómodas, no temerlas. Debe escuchar y agradecer a quien se atreve a señalar las evidencias, incluso cuando duelan.
Porque las organizaciones no tropiezan por la coyuntura, sino por no encarar la verdad de cada momento. Y la verdad, como los elefantes, ocupa mucho espacio. Solo los líderes audaces se atreven a nombrarla como el primer paso para vencerla.
Iñaki Ortega es doctor en economía en UNIR y LLYC
viernes, 3 de abril de 2026
Monstruos
(este artículo se publicó originalmente en el periódico 20 Minutos el día 30 de marzo de 2026)
viernes, 20 de marzo de 2026
Sacar petróleo
(este artículo se publicó originalmente en el periódico La Información Económica el día 24 de marzo de 2026)
Por eso en España usamos la expresión “sacar petróleo de las piedras” para referirnos a esa habilidad de convertir lo improbable en ventaja. Con el tiempo se ha reducido el modismo a “sacar petróleo”. Resume muy bien como en ocasiones, por suerte o casualidad, con poco esfuerzo se consigue un gran resultado. Es una expresión que ha triunfado, por ejemplo, en el fútbol, la mezcla de talento y picaresca de un jugador le puede permitir marcar un gol tras un mal control del rival. También en la teoría económica tiene sentido cuando se estudian los empresarios conocidos como oportunistas o ventajistas que transforman un fallo de mercado en un rentable modelo de negocio.
Imposible estos días no seguir el precio del petróleo con la crisis del estrecho de Ormuz, pero la frase hecha que titula este artículo me ha venido a la cabeza tras las elecciones de Castilla y León. El PSOE ha sacado petróleo, los que odian a Vox también y de paso el PP ha encontrado crudo. Por una serie de circunstancias -hay quien se ha atrevido a llamar carambolas- el PSOE ha conseguido dos representantes más en las Cortes de Castilla y León. Sin quitar ni un ápice al mérito del candidato socialista de lograr un escaño más en su Soria natal, la coincidencia con la inopinada guerra de Irán le supuso el otro diputado a costa de dejar sin representación a la izquierda del PSOE. ¡Petróleo! Al mismo tiempo el PP se beneficia de la decisión del partido de Alvise de presentarse a las elecciones castellanas y con ello restar votos a Vox para frenar su imparable ascenso de los últimos meses. Por supuesto que el resultado del PP es potente, subir en votos y porcentaje después de cuatro décadas de gobierno, pero el freno de Vox es algo que no esperaba y que la irrupción de SALF apuntaló. ¡Más petróleo!
Donde no hay casualidades es en la economía global. La guerra en Irán ha inhabilitado el paso del estrecho de Ormuz de modo y manera que la oferta de crudo se ha reducido drásticamente. Un estrecho de apenas 54 kilómetros por donde circula una quinta parte del petróleo mundial. De ahí la subida del precio del hidrocarburo ante el eventual desabastecimiento que rápidamente se ha trasladado a la inflación. Una más que creíble amenaza de crisis global con cientos de miles de empleos en juego. Pura teoría del caos: un aleteo de una mariposa en un extremo del planeta provoca un huracán en las antípodas.
Pocas metáforas son tan literales como la que hoy protagoniza Oriente Medio, donde sacar petróleo no es una expresión, sino el centro mismo del tablero global. La crisis en Irán ha devuelto al mundo a una realidad que parecía superada: la dependencia extrema del crudo, en plena era de las energías renovables. Cada vez que la tensión aumenta en esa zona, los mercados tiemblan. Las consecuencias económicas se sienten de inmediato. Europa, que aún no ha terminado de digerir la crisis energética derivada de la guerra en Ucrania, vuelve a comprobar su vulnerabilidad. Y para colmo los bancos centrales occidentales, que empezaban a ver la luz al final del túnel de la inflación, temen que un repunte del coste de la energía retrase la normalización monetaria.
Pero si alguien ha sacado petróleo en esta guerra es Rusia que ha visto como el embargo a su producción de crudo se ha levantado por parte de Estados Unidos para permitir que esa nueva oferta limite la subida de los precios. Ucrania y Europa debilitadas por arte de birlibirloque. Literalmente los rusos han sacado petróleo y de paso dado sentido a la expresión castellana. En un mundo interdependiente, donde un estrecho a miles de kilómetros puede encarecer la factura de la luz en Madrid, la clave ya no es solo sacar petróleo de las circunstancias, sino evitar que otros lo hagan a costa nuestra. La crisis de Irán nos recuerda que la energía y la seguridad siguen siendo los grandes factores de poder del siglo XXI y que, mientras no completemos la transición hacia un modelo más diversificado y sostenible, y al mismo tiempo dispongamos de recursos para nuestra defensa y soberanía industrial seguiremos viviendo pendientes de un lejano pasaje en manos de fanáticos. Los resultados de las elecciones castellanas, en cambio, exigirán esperar a la cita con las urnas en Andalucía para poder sacar lecciones y comprobar si las casualidades son causalidades. Habrá que tener paciencia para ver quién saca de verdad petróleo, además de Rusia.
Iñaki Ortega es doctor en economía en UNIR y LLYC
lunes, 16 de marzo de 2026
Pertrechados
(este artículo se publicó originalmente en el periódico 20 Minutos el día 16 de marzo de 2026)
Ahora que las guerras han vuelto a nuestra vida y por lo que parece también a nuestro bolsillo, es conveniente recordar el vocabulario bélico. Los pertrechos son el armamento y otros instrumentos militares de los ejércitos. El origen de la palabra se pierde en el tiempo, pero lo que ha ido cambiando es su uso. En la Edad Media los pertrechos eran las máquinas de asedio a los castillos como las catapultas. Con la llegada de la pólvora, pasó a referirse a la munición y las armas de fuego. Hoy en día, el término es sinónimo de logística militar y abarca todo lo que un ejército necesita para operar, desde chalecos, cascos, visores nocturnos y herramientas electrónicas a alimentos, agua o tiendas de campaña.Y como muchas palabras de nuestro idioma evolucionó para acabar siendo sinónimo de utensilios imprescindibles, de hecho, se habla de los pertrechos de pesca o de viaje para hablar de una caña, el cebo o bien un neceser o un cepillo. Pero aún hay más.
Ante la sucesión de guerras que nos está tocando vivir no va a haber más remedio que tener que pertrecharse todos y cada uno. Abastecerse de las herramientas necesarias para hacer frente a tanto estruendo. Y no me refiero a tener un casco o una metralleta en casa, tampoco a comprar por internet un dron para defender nuestro salón de un misil, sino a algo más mundano. Las guerras, sean en Ucrania o en Irán, atacan nuestro bolsillo. Sus consecuencias no son tan inmediatas y ruidosas como un bombardeo a Kiev o a Teherán, pero a medio plazo pueden ser devastadoras, por silenciosas y punitivas. La subida de precios causada por la interrupción del comercio internacional es sigilosa y se traslada a nuestra economía familiar con una cesta de la compra encarecida. La reducción de la oferta global de petróleo, siguiendo las leyes de mercado, causa alzas de los combustibles sólidos que permiten el funcionamiento de la economía y nuestra movilidad. Por eso ante el auge de los costes, las empresas reducen gastos, trasladando ese ajuste al flujo económico causando pérdidas en sus proveedores y a medio plazo despidos en todas esas compañías.
Los pertrechos para un país ya sabemos que suponen dotarse de un ejército que te proteja, pero esos utensilios de guerra para una familia normal serán otros. Por ejemplo, dejar para más adelante ese viaje o un capricho que te ibas a dar y así ahorrar ante lo que venga. Cuidar más que nunca tu puesto de trabajo ante previsibles ajustes de empleo. Estudiar para estar preparado ante eventuales crisis en tu sector o incluso país, que te hagan moverte a otros desempeños o geografías.
Y no solo eso. Hemos de pertrecharnos con valores que nos protejan de lo que siempre acompaña a la guerra: odio, sectarismo y más violencia. La única manera de protegernos y no contagiarnos del aullido, el señalamiento o la pancarta es la tolerancia, el diálogo y la mente fría. Sin renunciar a tus principios, pero sin caer en la trampa de acabar considerando como enemigo al que no piensa como tú. Pertrechados en la convivencia y en el Estado de Derecho para no caer en una trinchera de la que no se sale bien jamás, en la guerra o en tu ciudad.
Iñaki Ortega es doctor en economía en UNIR y LLYC






