(este artículo se publicó originalmente en el periódico 20 minutos el día 11 de mayo de 2026)
Enrico Caruso ha pasado a la historia por ser uno de los mejores tenores de la historia. Lo que no sabe tanta gente es que el cantante italiano, es considerado también el primer artista en grabar discos comerciales. Corría el año 1902, y unos aparatos con una gran bocina y un disco giratorio, inventados una década antes bajo el nombre de gramófono, empezaban a ser conocidos. Los músicos de la época vieron la invención que permitía reproducir música sin necesidad de ir a un concierto, como una amenaza para su trabajo. Se empezó a correr la idea de que los gramófonos matarían el cuarto arte, acabarían con la música en vivo y el empleo de miles de artistas. Ese mueble de madera con aparatosa trompa haría que ya nunca más apareciesen pianistas ni compositores, se decía. Caruso -muy conocido en Italia- era considerado uno de los cantantes con mayores cualidades en su país. Según me cuenta el melómano Adolfo Corujo, es entonces cuando se atreve a desafiar a una mayoría atronadora de expertos musicales de la época y decide grabar sus canciones en un disco. Y el público lo agradeció. Un millón de copias vendidas y lo que es más importante pasa a ser el primer artista global inaugurando una nueva era en la música.
Caruso creía que su trabajo era abrir puertas, no cerrarlas. Mientras otros se quejaban, él se adelantó. Otros esperaron a que “pasara la moda”, él entendió que la moda era el futuro. Y gracias a ese salto, su voz llegó a millones de personas que jamás habrían podido pagar una entrada para verlo en la Scala de Milán. Caruso no perdió nada y ganó el mundo.
Hoy estamos exactamente en ese punto con la inteligencia artificial (IA). Y, como entonces, abundan las excusas. Que si la IA nos va a quitar el trabajo. Que si ya no hará falta estudiar o aprender idiomas. Que si se equivoca siempre. Que si es mejor esperar porque vendrá otra tecnología. O lo que es peor cuando se trata de una empresa, que si la IA me obliga a despedir empleados, escondiendo que es tu producto lo que no encaja en el momento actual.
La IA no viene a sustituir, viene a multiplicar. A hacernos más rápidos, más creativos, más productivos. A quitar tareas pesadas para poder dedicarnos a lo que realmente importa. A abrir puertas que no sabíamos que existían. Pero para eso hay que atreverse a usarla. Igual que Caruso tuvo la audacia de cantar delante de un mamotreto de metal, madera y cera.
La historia económica demuestra que lo nuevo mata pero solo lo malo; siempre pervive lo bueno. La radio no acabó con los periódicos. La televisión no acabó con el cine. Internet no acabó con los libros. Las calculadoras no acabaron con las matemáticas. Spotify no acabó con la música. Y la IA no va a acabar contigo...si estás preparado.
Caruso no fue el mejor porque cantó más fuerte. Fue el mejor porque entendió el primero que la tecnología era el altavoz para llegar más lejos. Hoy tú -como trabajador pero también como empresario- tienes uno infinitamente más potente con la IA. Deja las excusas y ponte a ello.
Iñaki Ortega es doctor en economía en UNIR y LLYC

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