(este artículo se publicó originalmente en el periódico 20 minutos el día 11 de mayo de 2026)
Caruso creía que su trabajo era abrir puertas, no cerrarlas. Mientras otros se quejaban, él se adelantó. Otros esperaron a que “pasara la moda”, él entendió que la moda era el futuro. Y gracias a ese salto, su voz llegó a millones de personas que jamás habrían podido pagar una entrada para verlo en la Scala de Milán. Caruso no perdió nada y ganó el mundo.
Hoy estamos exactamente en ese punto con la inteligencia artificial (IA). Y, como entonces, abundan las excusas. Que si la IA nos va a quitar el trabajo. Que si ya no hará falta estudiar o aprender idiomas. Que si se equivoca siempre. Que si es mejor esperar porque vendrá otra tecnología. O lo que es peor cuando se trata de una empresa, que si la IA me obliga a despedir empleados, escondiendo que es tu producto lo que no encaja en el momento actual.
La IA no viene a sustituir, viene a multiplicar. A hacernos más rápidos, más creativos, más productivos. A quitar tareas pesadas para poder dedicarnos a lo que realmente importa. A abrir puertas que no sabíamos que existían. Pero para eso hay que atreverse a usarla. Igual que Caruso tuvo la audacia de cantar delante de un mamotreto de metal, madera y cera.
La historia económica demuestra que lo nuevo mata pero solo lo malo; siempre pervive lo bueno. La radio no acabó con los periódicos. La televisión no acabó con el cine. Internet no acabó con los libros. Las calculadoras no acabaron con las matemáticas. Spotify no acabó con la música. Y la IA no va a acabar contigo...si estás preparado.
Caruso no fue el mejor porque cantó más fuerte. Fue el mejor porque entendió el primero que la tecnología era el altavoz para llegar más lejos. Hoy tú -como trabajador pero también como empresario- tienes uno infinitamente más potente con la IA. Deja las excusas y ponte a ello.
Iñaki Ortega es doctor en economía en UNIR y LLYC

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