lunes, 2 de febrero de 2026

Pivotar

(este artículo se publicó originalmente en el periódico 20 Minutos el día 2 de febrero de 2026)

Al que le guste el baloncesto lo entenderá a la primera, pero escribo estas primeras líneas para el resto. Pivotar es cuando un jugador con la pelota en la mano deja un pie quieto y mueve la otra pierna, hacia un lado u otro, para así buscar a un compañero que esté libre y darle un pase para que enceste. Es una técnica básica de este deporte de equipo y al mismo tiempo una metáfora muy poderosa para la vida.

Las carreras profesionales individualistas en las que se busca siempre avanzar dejando por el camino empresas, compañeros e incluso clientes no funcionan. Quizás en el corto plazo suponen algún éxito porque no atarte a nada o no tener escrúpulos te hace ir más rápido, pero más pronto que tarde te parará uno como tú. Por eso en el baloncesto más que correr hacia la canasta hay que pasar el balón a otro compañero. Y cuando éste ya no puede avanzar más, en ese momento, empieza a pivotar. Ancla un pie y el otro lo deja libre para cambiar de orientación en la marcha y así despistar a sus rivales.

La vida en una empresa exige colaboración, trabajo en equipo, siempre la suma es mayor que las partes por separado, aunque la matemática -y el ego- nos haga pensar otra cosa. Pero como en el deporte, en ocasiones ya no te puede ayudar nadie y tienes que tomar una decisión. Pivotar siempre es una opción buena en el baloncesto, pero también en el trabajo. Seguir siendo coherente a tus valores, a tus raíces, a tus estudios, no mudar tus principios por mucho que veas que no hay salida. Anclar tu pie, por tanto, no supone quedarte quieto, bloqueado, esperando que alguien resuelva tu parón profesional. No, de eso nada. Porque, por suerte, se inventó el pivotar. Es entonces cuando decides mirar hacia otro sector e incluso a otra ciudad o país. Y ahí no habrá nadie que te impida ir y el triunfo estará más cerca. Cambiar de dirección, para hacer las cosas de otra manera, es la clave del éxito como recordaba Einstein: "Si quieres diferentes resultados prueba a no hacer siempre lo mismo". Suele funcionar, eso sí, siempre que cambiar no te obligue a renunciar a tu moral o suponga atajos tramposos.

Lo que estoy contando vale para las personas y para las empresas y hasta para los países y la política. Las empresas no pueden pretender que una nueva estrategia de negocio sea contradictoria a la cultura que le da sentido a la compañía: las acciones no pueden ir en contra de la personalidad. Empresas que traicionan su cultura por ganar más dinero acaban cerrando. Exactamente igual que los países que por congraciarse con el poderoso de turno abdican de su historia. O qué decir de los líderes políticos que por continuar en el machito desertan de los principios de su partido y lo que es peor se alejan de sus votantes.

El reglamento en el baloncesto es taxativo: si no pivotas y mueves los dos pies con la pelota en la mano, te pitan falta. Qué pena que no exista una norma de obligado cumplimiento exactamente igual para la vida.

Iñaki Ortega es doctor en economía en UNIR y LLYC


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