(este artículo se publicó originalmente en el periódico económico La Información el día 9 de febrero de 2026)
El descubrimiento anunciado estos días por Mariano Barbacid es un hito en la lucha contra el temido cáncer de páncreas. Con su equipo del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) ha conseguido eliminar por completo y de forma duradera los tumores de páncreas más comunes en ratones. Barbacid ha diseñado una terapia combinada de tres fármacos para así evitar que el tumor se adapte y desarrolle resistencia, un problema común en las terapias actuales que provocaba la reaparición del cáncer con consecuencias mortales en la gran mayoría de las veces.
Inmediatamente cientos de familias se han dirigido al científico español para poder aplicar el tratamiento a enfermos de este cáncer. Barbacid se ha visto obligado a recordar que, aunque es un avance crucial, aún no se están realizando ensayos clínicos en humanos.
Se necesita tiempo y dinero para pasar del laboratorio a los hospitales. Este "valle de la muerte" por lo menos dura cinco años en el mejor de los casos con ensayos clínicos con decenas de humanos y con un coste de cientos de millones y que el propio investigador ha reconocido que supera con creces todo lo que dedica el CNIO a investigar cada año. Las donaciones privadas han comenzado casi al mismo tiempo con el objetivo de financiar la primera fase de los ensayos tasada en 30 millones de euros.
Los ratones son un regalo de la naturaleza para estas investigaciones. Con estos primos biológicos compartimos casi el 100% de nuestros genes. Esto significa que la mayoría de las enfermedades humanas tienen la misma causa genética en ambas especies. Además, como mamíferos, sus sistemas circulatorio, digestivo y endocrino funcionan de forma muy parecida a los nuestros. También un ratón vive menos de tres años, lo que permite observar el desarrollo de una enfermedad mortal desde el inicio hasta el final en pocos meses. Por último, son tan pequeños y comen tan poco que se facilita de una forma increíble la logística de las pruebas.
La ilusión de los primeros días ha traído el jarro de agua fría de la realidad. Las pruebas no implican aplicaciones inmediatas. Y para poner en práctica un fármaco que cure el cáncer de páncreas a todos los enfermos harán más de cinco años y miles de millones.
Las lecciones aprendidas tras la rueda de prensa de Barbacid son aplicables a la empresa y a la política. Y si los ratones se usan en la ciencia para extrapolar resultados, en la economía y en la demoscopia se recurre a modelos o pilotos. Un modelo es una descripción simplificada de la realidad que los economistas usamos para obtener modelos de conductas aplicables al conjunto de la población. Son pilotos o pruebas en entornos seguros que permiten testar nuevos productos o incluso nuevas estrategias políticas.
En Estados Unidos para la validación comercial de nuevos productos de consumo se recurre a la ciudad de Columbus. De hecho, es conocida como la test city. Es un buen espejo del país ya que su composición demográfica, niveles de ingresos y diversidad étnica son casi idénticos al promedio nacional. Si un producto funciona allí, las empresas asumen que funcionará en todo el país.
En España la "ciudad laboratorio" por excelencia para la validación comercial es Zaragoza. Es el ratón de laboratorio español porque su perfil de población (edad, clase social y hábitos de gasto) se ajusta casi perfectamente a la media nacional. Triunfar con la prueba en la capital del Ebro implica el éxito comercial en España.
Algo parecido pasa con las elecciones. Ohio es considerado en Estados Unidos el 'estado profeta'. Ya que como vota Ohio, vota después la nación. Durante gran parte del siglo, quien ganaba electoralmente en el estado de Ohio finalmente ganaba la Casa Blanca. Y por estos lares Aragón tiene fama de ser el oráculo electoral apoyado en series históricas como en Ohio, el partido que gana en Aragón termina durmiendo en La Moncloa. Básicamente por su mezcla de población urbana y rural, un reflejo casi perfecto del comportamiento electoral del país.
Los ratones demostraron que la penicilina curaba. Columbus y Zaragoza hicieron posible la penúltima hamburguesa de McDonalds o la crema más avanzada de L'Oréal respectivamente. Y Ohio y Aragón se usaron para las triunfantes campañas de Clinton o Aznar. Pero como los financieros saben "rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidad futuras".
En psicología industrial se habla del sesgo de inducción, o lo que es lo mismo, la tendencia humana a creer que el futuro será exactamente igual al pasado basándose únicamente en la repetición de experiencias. Es un atajo o trampa mental que los humanos aplicamos por pereza o simplemente para evitar tomar decisiones complejas que nos supondría analizar cientos de datos.
Y la enseñanza de los ratones y sus homólogos en la economía y la política es que no siempre aciertan. Los ratones fallaron con la leucemia que sigue sin curarse; la hamburguesa de algas o el café con sabor a cerveza no salieron de los límites de esas ciudades y ni Trump ni Feijóo fueron elegidos presidentes cuando ganaron respectivamente en Ohio en 2020 y Aragón en 2023.
Otro día analizaremos que ganar en las pruebas pilotos no sirven de nada si no se consiguen los recursos para llevar las mismas campañas políticas o comerciales al resto del país.
Cuidado, por tanto, con los experimentos, porque solo son eso y por mucho que los datos demuestren que pueden funcionar, la realidad es tozuda y no siempre sucede así. Solo queda por tanto aplicar la racionalidad y seguir probando y escalando hasta el día final y definitivo. Sin dar nada por hecho. Ni siquiera el resultado de ayer en las elecciones de Aragón.
Iñaki Ortega es doctor en economía en UNIR y LLYC

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