jueves, 12 de febrero de 2026

El realismo mágico nació en Venezuela

(este artículo se publicó originalmente en El Periódico de Cataluña el 8 de febrero de 2026)


Gracias a un colombiano universal como Gabriel García Márquez nos acostumbramos a dar carta de naturaleza a lo fantástico. Hablar con muertos, las lluvias de flores y levitar dejaron de sorprender al lector a lo largo de las páginas de sus libros. También la chilena Isabel Allende nos anestesió ante lo irreal, pues en sus novelas conviven espíritus con personas, sin que sean catalogadas como obras de ciencia ficción. El realismo mágico fue un regalo al mundo desde Latinoamérica, pero lo que no sabe apenas nadie es que el origen de este estilo literario reside en Venezuela. Un intelectual nacido en Caracas de nombre Arturo Uslar Pietri acuñó en 1948 el término para explicar esa convivencia natural entre lo cotidiano y lo imposible de la literatura de su país que no encajaba en los cánones europeos.

Han pasado casi 80 años desde entonces, pero su defensa de la excepción venezolana acuñando el término realismo mágico -que asumió toda la literatura latinoamericana posterior- sigue vigente. La diferencia es que ahora no hablamos de las letras americanas, hablamos de la política americana. Nada de lo que está pasando desde el 3 de enero en Venezuela encaja en los cánones europeos, al igual que en el siglo pasado cuando García Márquez y Allende empezaron a publicar. Nos frotamos los ojos ante la naturalidad con la que se están asumiendo hechos absolutamente fantasmagóricos. 

Delcy Rodríguez, presidenta encargada y hasta hace nada mano derecha del dictador bolivariano, recibe al director de la CIA, responsable de la operación que ha llevado al propio Nicolás Maduro a una prisión en Nueva York. El presidente de EEUU, Donald Trump, se deshace en elogios hacia Delcy, la misma que en los informes de la DEA aparece como sospechosa de lavar dinero del narcotráfico. Más realismo mágico. María Corina Machado, líder de la oposición que arrasó con su coalición en las elecciones de julio de 2024, entrega el Premio Nobel a Trump, que la ha ninguneado en favor de la íntima del dictador. Y José Luis Rodríguez Zapatero, por arte de birlibirloque, pasa en apenas unas horas de enero de defender a un dictador a apoyar a Delcy con el argumentario de EEUU, ese mismo país ante cuya bandera no quiso levantarse en el desfile en Madrid de la Fiesta Nacional en 2003.

La maravilla del realismo mágico era la convivencia de lo imposible con lo cotidiano. Por eso, después de haber dedicado las líneas anteriores a las fantasías que estamos viviendo, no puede perderse de vista la base de realismo con la que coexiste. Es real la política exterior de EEUU -y no imaginaria-, puesto que a finales del año pasado la Casa Blanca publicó un documento de 29 páginas con el título de Estrategia de Seguridad Nacional en el que se dejaba claro su derecho a intervenir en el continente. Tampoco fueron ciencia ficción, sino muy reales todos los ataques de la marina americana desde septiembre de 2025 a las narcolanchas venezolanas en el Caribe: hasta 42 bombardeos que causaron más de cien muertos entre los traficantes. Y es que nadie debería sorprenderse de que el petróleo sea el protagonista de la intervención americana en Venezuela y no la democracia: 27 veces pronunció Trump petróleo frente una única vez democracia en la rueda de prensa de explicación de la detención del dictador venezolano.

Por si fuera poco, tampoco es una ensoñación la obsesión de EEUU por su patio trasero. De hecho, es muy vieja y nadie debería sorprenderse. La famosa doctrina Monroe defendía ya en 1823 "America para los americanos". Unos años después, en 1904, el presidente Theodore Roosevelt añadió su nombre a la doctrina con su corolario conocido como el garrote por su papel de gendarme del hemisferio. Y durante todo el siglo pasado sus sucesores se lo tomaron muy en serio y no dejaron de intervenir en Chile, Argentina y hasta invadieron la isla caribeña de Granada y capturaron en 1989 al dictador panameño Manuel Antonio Noriega en su propio país. Richard Nixon, Henry Ford y Ronald Reagan dejaron su impronta en la doctrina Monroe como lo hizo Roosevelt y ahora quiere hacerlo Trump. Lo increíble es que alguien le sorprenda.

Por eso, esta tesis literaria tendría que estar escrita en el frontispicio de los parlamentos europeos. Para que abandonemos eso de "esto no puede pasar" por "preparémonos para lo que viene". Lo que ayer parecía una distopía o una aparición fantasmagórica de esas novelas de las que estamos hablando hoy es la base de la geopolítica. Venezuela ha sido la primera demostración, pero la siguiente es otro patio trasero de EEUU, aunque no hacia el sur sino hacia el oeste: Groenlandia. Y de nuevo pensamos que es pura fantasía que Trump aplique en la diplomacia internacional su praxis de empresario que puja por un objetivo. Realismo mágico otra vez. Pero más realismo que mágico. Porque no es la primera vez que USA compra un territorio. Florida, California, Alaska, Puerto Rico y Luisiana fueron objeto de transacción: Florida y Puerto Rico se compraron a España; California, a los mexicanos; Luisiana y Alaska se adquirieron a Francia y Rusia… todo ello hace apenas hace ciento y pico años.

La realpolitik es el petróleo, las tierras raras y la seguridad de las rutas, pero pronto China y la India reivindicarán, como ya lo lleva haciendo Rusia, incorporar sus demandas a la nueva geopolítica con el control de la ruta del mar Negro, la energía nuclear, el Himalaya y los chips de Taiwán.

El riesgo de este realismo mágico que nos ha tocado vivir no es que nos aniquile la capacidad de asombro. Sino precisamente lo contrario: que sigamos anestesiados en el antiguo orden. Que no levemos anclas de ese mundo de la posguerra con sus acuerdos de Bretton Woods que tanta prosperidad y tranquilidad nos trajeron a los europeos. Que olvidemos que muchos de los males de Europa del siglo pasado empezaron con una melodía muy similar a la que ahora escuchamos. Toca por tanto quitar el polvo de Cien años de soledad o volver a ver La casa de los espíritus si es que todavía está en alguna plataforma. Urge acostumbrarnos de nuevo a lo increíble para gestionar lo cotidiano como europeos.

Iñaki Ortega es doctor en economía en UNIR y LLYC

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