(este artículo se publicó originalmente en la revista Business Insider el día 11 de febrero de 2026)
Europa tiene un territorio equivalente a China o Estados Unidos. Sin embargo, somos pares exclusivamente en hectáreas. Para serlo en empresas líderes con capacidad de innovación, necesitamos eliminar trabas y barreras que persisten como nos han recordado los recientes informes Letta y Draghi. Un mercado único en el que las empresas europeas gracias a tecnología propia y millones de clientes puedan tener el tamaño necesario para competir hoy en el mundo, de la mano de políticas públicas y legislaciones amistosas.
Los archiconocidos informes de los expolíticos italianos han concluido que el tamaño en Europa importa. Estoy seguro de que Marc Murtra piensa lo mismo a la luz de su estrategia desde que llegó a la presidencia de Telefónica. Estos días se ha conocido la venta de la operación de la teleco en Chile, antes fue la desinversión en Colombia, tras Argentina, Perú, Ecuador y Uruguay. La compañía ha avanzado de forma rápida en la ejecución de un plan que pasa por reducir su exposición en mercados no estratégicos para poner el foco en Europa y Brasil.
Al mismo tiempo la biblia de la economía de mercado, el Financial Times , acaba de adelantar que Telefónica está preparando con su socio en Reino Unido, Virgin Media 02, la compra de uno de los principales operadores de banda ancha en ese país. Telefónica busca de ese modo convertirse en una compañía con más ingresos, clientes y con la mayor ambición europea. En Bruselas estarán contentos, pero también en Paris.
Stéphane Séjourné, mano derecha de Emmanuel Macron, es el comisario francés vicepresidente de la Comisión y arquitecto del plan Made in Europe, quizás porque vivió en primera persona la precuela con el plan France 2030. Made in Europe es una estrategia orientada a fomentar la reindustrialización, la soberanía económica y la sostenibilidad dentro del continente. Busca reducir la dependencia de proveedores extranjeros -especialmente China y Estados Unidos- y fortalecer la competitividad europea en sectores estratégicos mediante la producción local y por tanto con empresas que sean campeonas europeas.
Madrid también debería alegrarse, más allá de que aloje la sede de la compañía de bandera española, si se confirma la operación en el Reino Unido de Telefónica, sería la primera gran operación del actual presidente de Telefónica. Se encontraría otro racional a la venta de activos en Latinoamérica más allá del saneamiento de la empresa. Murtra demostraría no sólo que sabe vender sino también comprar empresas. De fondo, la necesidad de que la UE, con una empresa española, alcance esa autonomía estratégica que defiende Von der Layen, con campeones europeos en las principales áreas económicas y principalmente tecnología. El plan de Murtra y del binomio Letta-Draghi empezaría a dar sus frutos, con un movimiento inteligente para ocupar espacio relevante en el mercado europeo.
Más allá del precio de la compra y de las incógnitas financieras de la operación -cómo se pagará y si engordará o no la deuda de la joint venture británica- por no hablar de las complejas sinergias locales o los posibles remedios de competencia, es una buena operación y coherente. Hoy en día el activo más importante de las telecos es su red, y especialmente la de fibra por lo que desde el punto de vista estratégico parece un acierto.
No solo las empresas se benefician de ganar tamaño. China, Estados Unidos y ahora la India son naciones inmensas y por ello son también las principales economías del mundo. Con un mercado interior potente y un apoyo de sus gobiernos han sido capaces de liderar la producción mundial. Pero en este ranking podría estar Europa, si el gran tamaño geográfico del continente no tuviese fronteras para la economía y sus empresas. Unir mercados, eliminar burocracia y garantizar la efectiva libertad de circulación de mercancías, servicios, personas y capitales que consagran los sucesivos tratados europeos. El ejemplo de la fragmentación del mercado de las telecomunicaciones es usado como argumento en Bruselas para demostrar la debilidad de nuestra economía frente a la americana porque aquí compramos la tecnología y por tanto regalamos nuestros datos a Estados Unidos.
Con campeones locales podrían generarse todo un ecosistema de I+D y talento para no perder la carrera de la inteligencia artificial (IA). Grandes consorcios europeos de conocimiento y grandes proyectos de innovación transnacionales que nos permitirían competir con esas poderosas tecnoempresas que miran con desdén a esos 27 pequeños gobiernos europeos con sus respectivas y diminutas compañías de telecomunicaciones.
Iñaki Ortega es doctor en economía en UNIR y LLYC

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