(este artículo se publicó originalmente en el periódico 20 Minutos el día 19 de enero de 2026)
La motivación ha sido objeto de numerosos estudios durante los dos últimos siglos. Los más brillantes pensadores han querido desentrañar la razón última por la que se mantiene o bien se pierde. Con la revolución industrial y el auge de las empresas como actor económico y social, investigadores especialmente americanos retoman las teorías clásicas de la voluntad de Aristóteles para intentar explicar la razón por la que grupos con capacidades similares obtienen resultados diferentes.
La respuesta está en la motivación, aquellos que mantienen una energía para cumplir con sus objetivos se convierten en equipos de alto rendimiento. Y cuando esa fuerza de voluntad es constante y en la dirección adecuada, el óptimo desempeño se consigue y marca la diferencia con los que claudican a las primeras de cambio.
Estos días de enero -nos dicen esas investigaciones- son los peores para mantener la palabra dada con nosotros mismos a principios de año. En el mundo hispanohablantes lo llamamos 'la cuesta de enero', perdemos la fuerza y empezamos a soltar lastre (de ilusiones) para llegar a fin de mes. Los anglosajones hablan de 'la tristeza de enero' que tiene su expresión máxima hoy lunes. El tercer lunes de este mes es el día más triste del año. Lo tienen claro, dicen que se junta el mal clima, las cartera vacía tras las fiestas y que desertamos de los deseos de nochevieja.
Ya sabemos que además en este 2026 todo se ha puesto en contra, el sol que no sale y un frío que pela; la locura de la geopolítica o la cepa de la gripe, pero si desaparece la motivación todo será mucho peor, aunque el incentivo de abrir la nevera, coger el móvil o vivir enfadado sea casi invencible. Sin metas a las que llegar, jamás mejorarás. Sin un objetivo, no hay resultados. Sin un horizonte, solo se deambula.
"Empezar es la mitad del camino" dejó escrito hace dos mil años Horacio, el poeta de la Roma clásica. Por eso, si sobrevivimos con nuestras ilusiones intactas a este lunes, a esta semana y a este mes, tendremos casi al alcance esos anhelos que tanto necesitamos. No creo que seamos mucho mejores cumpliendo todos y cada uno de esos deseos, pero sí tengo claro que luchando para conseguirlos y no tirando la toalla a la primera de cambio, estaremos mucho más preparados para lo que venga. Porque, visto lo visto, no es época de pusilánimes sino de audaces.
Iñaki Ortega es doctor en economía en UNIR y LLYC

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