lunes, 17 de noviembre de 2025

EREs para crecer

(este artículo se publicó originalmente en el periódico económico La Información el día 17 de noviembre de 2025)


Es contra intuitivo. Telefónica se ha unido esta semana al grupo de empresas que en todo el mundo están haciendo recortes en sus plantillas, sin que la coyuntura económica nos sitúe en crisis alguna, sino con cifras de crecimiento débiles pero positivas. Pero así es la economía. No lo digo yo, sino los premiados con el nobel de economía de este año. Los profesores Mokyr, Aghion y Howitt han demostrado con sus investigaciones que el crecimiento económico se basa en la innovación. Pero no en cualquier innovación sino en la bautizada como "destrucción creativa" por otro economista de principios del siglo pasado de nombre Schumpeter. Hoy llamamos a esa destrucción creativa, disrupción, pero los galardonados por la academia sueca han preferido seguir hablando de la destrucción creativa y viene como anillo al dedo para explicar lo que está pasando en muchísimas empresas, algunas de ellas españolas.
Eso no quita que destruir siempre es difícil. Que se lo digan a los cerca de 8.000 trabajadores de diferentes sociedades de Telefónica que recibirán antes de que termine el año un aviso sobre el fin de su relación laboral. Esos empleados de la telco española no darán crédito a perder su trabajo al mismo tiempo que la empresa anuncia un pago de dividendo o un considerable beneficio. Más aún porque en la carta que recibirán les dirán que dejarán la compañía al cumplir ¡¡¡56 años!!! Pero no nos están diciendo por todos lados que hay que cuidar el talento senior y alargar las carreras laborales, pensarán. Quizás también recordarán el proceso de venta de las filiales americanas que la nueva presidencia ha puesto en marcha; otra destrucción de los construido durante tantas décadas por Telefónica que a los afectados y a los arquitectos de aquellas expansión empresarial de ultramar no les parecerá nada creativa.

Lo cierto y verdad es que la empresa española ha de prepararse para los retos cercanos que ha de afrontar con la inteligencia artificial (IA) como protagonista. Sin olvidar las inversiones realizadas estos pasados años que le permiten automatizar y aligerar el mantenimiento y soporte de gran parte de sus operaciones. Telefónica necesita destruir para crear una nueva compañía con un enfoque no solo a clientes individuales sino corporativos; una empresa más ligera y eficiente con servicios de alto valor añadido que exige otro tipo de profesionales.

No es un consuelo, pero este proceso de destruir empleos cuando se gana dinero para inventar un nuevo futuro —destrucción creativa— no es exclusiva del sector de las telecomunicaciones por la competencia brutal de los operadores y su dependencia de la tecnología. A todos les toca o les tocará reinventarse. Y es mejor hacerlo cuando las cuentas lo permiten y se tienen números negros, porque cuando llegue el color rojo a la casilla contable del EBITDA, ya será muy tarde y tocará cerrar. Es decir, reducir gastos en unas partidas —tareas obsoletas— para así aumentar en otras -inversiones de futuro en IA-. La industria del automóvil con Volkswagen, Nissan, Renault o Audi está en ello también azuzada por la disrupción del coche eléctrico chino; el efecto dominó ha llevado a que las empresa auxiliar de la automoción —en las que España tiene campeones globales— tengan la dichosa “destrucción creativa” en todos sus planes para los siguientes años. Qué difícil es dejar de hacer lo que ha dado tantas alegrías.

Hasta las tecnológicas americanas que amasan cifras obscenas de beneficios, se han unido a este penoso club. Amazon anunció hace unas semanas la salida de cerca de 15.000 empleados de su estructura corporativa. Este ajuste de plantilla del líder absoluto del comercio electrónico global también pretende ganar agilidad y eliminar burocracia para afrontar el futuro. Me contaba hace poco una CEO española que lo peor que puede suceder en una empresa es que, fruto de la digitalización, alguien se quede sin tareas porque se inventará algunas nuevas para justificar su posición, aunque eso penalice la rapidez en la toma de decisiones. También Meta o Apple están conjugando el verbo despedir por mucho éxito que trasladen en sus presentaciones de resultados. Son las grandes del momento actual, pero quieren seguir siéndolo.

Y qué decir de la industria de los servicios profesionales -la consultoría- o la financiera. Se acabaron los grandilocuentes anuncios a estas alturas del año de millones de fichajes para el siguiente ejercicio. La IA está causando estragos y no solo ya no es necesario mano de obra a mansalva, sino que las plantillas se están adelgazando y balanceándose. Es decir, menos trabajadores y los que sigan orientados hacia otras tareas muy diferentes.

Va contra la lógica. Ganar dinero y despedir al mismo tiempo. Operar en una economía que crece y recortar plantillas. Disfrutar de un mercado laboral con más afiliaciones que nunca y solicitar a la administración que apruebe ERES. No es nuevo. No habían nacido los premios nobeles de economía de este año y Schumpeter lo escribió en piedra: el capitalismo solo sobrevive si se revoluciona incesantemente la estructura económica desde dentro, destruyendo lo antiguo para dar paso a lo nuevo. Así estamos ahora. Aunque duela.

Iñaki Ortega es doctor en economía en UNIR y LLYC

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