(este artículo se publicó originalmente en el periódico 20 Minutos el 24 de noviembre de 2025)
Son muchas las expresiones que el mundo anglosajón ha llevado de la calle a la gestión empresarial. Hay una que me gusta especialmente y es la del 'sabor del día'. Parece ser que en los años 40 del siglo pasado en Estados Unidos para promocionar el consumo de helado se puso de moda promocionar un sabor diferente cada día. Se trataba de atraer a clientes a las heladerías con la excusa de una combinación inaudita. Los consumidores de helado solían hartarse de los sabores clásicos como el chocolate o la fresa y ante la novedad decidían probar ese sugerente nuevo helado.
Este fenómeno tardó en llegar a España y hasta hace unos pocos años se mantuvo la oferta de toda la vida con la vainilla, la nata, el café, la avellana y quizás el limón, además de los ya mencionados chocolate y fresa. Pero cuando apareció el primer cartel en una heladería del 'sabor del día' se inició un proceso imparable. Así somos. No quedó un puesto sin el helado de té verde, violeta, pistacho o frutos del bosque. Esto no había hecho más que empezar y llegaron los helados de queso y membrillo, pimentón picante y todo tipo de frutas exóticas como el tamarindo o la guayaba. Nos suele pasar, tardamos en adaptar las nuevas tendencias, pero cuando lo hacemos aplicamos la fe del converso y somos los más entusiastas.
El sabor del día se aplica en el mundo empresarial para explicar las modas pasajeras, conceptos -como esos nuevos helados- que llaman mucho la atención y del que todo el mundo habla, pero que son efímeros. El helado de aceite de oliva te sorprende y por eso lo pruebas, pero es fugaz, y el siguiente verano ya no estará en el mostrador.
Todos, seamos directivos o no, tenemos que saber que este efecto sabor del día existe más allá de las heladerías y no podemos caer en la trampa de pensar que asuntos transitorios se quedarán para siempre. Son perecederos; de hecho, muchas veces se diseñan precisamente para eso, para captar la atención y distraer la pereza de 'consumir' siempre lo mismo. También la política.
Lo realmente complicado es saber si esos conceptos son coyunturales o estructurales. Si son trucos para desviar la atención o bien han llegado para quedarse. Ahora el sabor del día en la política es la Transición y en la empresa la Inteligencia Artificial (IA). Ambos son importantes porque uno nos lleva a recordar nuestro pasado -con sus luces y sus sombras- y el otro a construir nuestro futuro -de la mano de tecnologías disruptivas como la IA-. Pero... ¿se mantendrán en el tiempo?
La semana pasada una amiga directiva me recordaba que el problema de estos grandes temas que atraen toda la atracción es que solemos sobrestimarlos en el corto plazo y en cambio infravalorarlos en el largo. Es decir, que nos entretenemos demasiado en cada nuevo tema que surge sin distinguir cuál es el importante. Chapoteamos con lo nuevo, pero no nos preparamos a conciencia para el cambio de verdad. Pasamos de uno a otro sin profundizar en ninguno. Nos pasó con la reducción de la jornada laboral o con el metaverso, ¿quién se acuerda? Ojalá no sigamos confundiendo modas pasajeras con lo realmente relevante.
Iñaki Ortega es doctor en economía en UNIR y LLYC

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