lunes, 18 de agosto de 2025

Un estío impostado

 (este artículo se publicó originalmente en el diario 20 minutos el día 19 de agosto de 2025)

No se si está en la naturaleza humana o si lo ha acelerado las redes sociales, pero no nos gusta ser menos que nadie.

Este verano lo hemos visto al abrir cualquier aplicación en el móvil. La mejor puesta de sol, la foto en una paradisíaca playa, los espectaculares fuegos artificiales, la paella más rica y por supuesto la foto del barco. Todo protagonizado en primera persona por amigos y conocidos. Vamos que es difícil encontrar a alguien que no haya subido a sus perfiles sociales esos momentazos. Todos somos como los famosos/influencers y sus vidas de lujo. ¿Acaso lo dudabas?

Y a pesar de que la realidad es otra y como personas de carne y hueso no todo es felicidad en nuestras vidas, por alguna razón exclusivamente contamos signos de que la vida nos sonríe. Aunque no sea verdad. Da igual. Lo importante es lo que parece. Y hacemos lo que sea para que sea así. Si al final no probé la paella o me monté en el barco de alquiler solamente para la instantánea, es lo de menos.

Hemos entrado en una carrera frenética por estar en los sitios instagrameables, lo de menos es si me lo paso bien, me lo puedo permitir o miento como un bellaco. Y esto no sólamente se aplica al turismo sino también al exhibicionismo creciente del desempeño profesional en la redes temáticas.

No es nuevo. Impostar una vida es viejo. El añorado Mario Vargas-Llosa se fajó como novelista en los años 50 del siglo pasado, escribiendo -en su época del colegio militar- cartas de amor para sus colegas. No eran originales del amante firmante pero funcionaban, igual que el filtro de los retratos que subimos a redes sociales y que hace posible una primera cita o ese título académico fake del político de turno que adorna su curriculum el día de su toma posesión.

Nos resistimos a no ser perfectos y en lugar de asumirlo, jugamos a aparentar serlo. Lo malo es que acabamos creyendo nuestras mentiras... hasta que un día la verdad nos explota en la cara. No viajamos tanto, no somos tan guapos y no hemos estudiado lo suficiente.

Internet (y la ciencia) nos permite ahora saber que si tengo mejor físico o más estudios tendré más éxito en la vida. Y en lugar de optar por el esfuerzo de conseguirlo, acabamos buscando atajos, aparentes mentirijillas sin importancia como tunear ,ya sea mi foto de perfil o mi curriculum. Pero el tuneo es eso, un apaño que dura poco y acaba exhibiendo la cruda realidad: tengo michelines y sólo el graduado escolar.

La perversión del mundo actual es que gracias a la inmediatez de la redes sociales hemos llegado a pensar que podemos engañar a todo el mundo y precisamente es lo contrario. Hoy es imposible mentir sin ser descubierto. A pesar de los incentivos para hacerlo (los likes o las palmaditas en la espalda de los conmilitones) siempre se acaba sabiendo. Por eso, en pleno verano de postureo viajero, directivos simulando que leen diez libros en agosto y de la angustia de miles de políticos que creyeron que una carrera universitaria es como un post que puede editarse, conviene tener claro que más vale perder seguidores que la dignidad.

Iñaki Ortega es doctor en economía en UNIR y LLYC

lunes, 11 de agosto de 2025

Los CEOs a boxear

 (este artículo se publicó originalmente en el periódico económico La Información el 8 de agosto de 2025)

Si te suena a chino lo que escribo en la siguiente frase, estás anticuado. La Velada del año V combina boxeo de streamers con actuaciones musicales en Twitch. Es la nueva economía, igual que a finales de los noventa del siglo pasado. Entonces, si no sabías lo que eran las puntocom, el Nasdaq o las stock options, estabas fuera de onda. Ahora, me temo que es igual, si no sabes quién es Myke Towers o The Grefg.

No lo desprecies. No pienses que es cosa de adolescentes y que no es serio, unos youtubers boxeando con cantantes. A finales de los noventa también eran legión los que desdeñaban a esas empresitas tecnológicas que empezaban con la insolencia de querer desbancar a las incumbentes tan sólidas, tan capitalizadas y en sectores con tanto fuste como la automoción y la energía. Hoy la nueva economía de entonces -TICs les llamábamos- domina los rankings de las empresas más exitosas del planeta. Por cierto, empresas tecnológicas sí, pero también de entretenimiento.

Pero volvamos a La Velada. Más de 80.000 personas asistieron en directo este 26 de julio en el estadio sevillano de La Cartuja y por lo menos 9 millones de espectadores la siguieron simultáneamente en Twitch, la red social especializada en videojuegos. Estas magnitudes se multiplican si tenemos en cuenta que esa noche las quedadas de grupos de jóvenes en casas fueron habituales y cada una de ellas sólo contabilizó como un espectador. Por no hablar de los seguidores de los participantes en La Velada -cantantes de éxito como Aitana o Eladio Carrión e influencers como Westcol o Roro- que no han dejado de compartir contenido vinculado a ese espectáculo.

Si la nueva economía de los noventa tenía a Steve Job, el fundador de Apple como gurú, la que nos toca vivir ahora por estos lares tiene como patrón a Ibai Llanos. Ibai nació en Bilbao hace 30 años, estudió periodismo, aunque no llegó a completar la carrera, ya que empezó a comentar e-sports o videojuegos en línea, en 2014, además de alguna narración de partidos del fútbol profesional español. Pero no fue hasta 2020 cuando dio el gran salto. Sus tronchantes retrasmisiones durante el confinamiento hizo que sus seguidores aumentaran exponencialmente y conocido antes millones de jóvenes españoles y latinoamericanos. Desde entonces entrevista a los más famosos deportistas, cantantes e influencers. Por su canal han pasado desde Leo Messi, Bad Bunny o Aitana y también Mbappé o Luis Enrique.

En 2021 se atrevió con la primera velada –a puerta cerrada en Barcelona por las restricciones de la pandemia- con reconocidos streamers boxeando y músicos amenizando, consiguiéndose altas audiencias. En los siguientes años esta idea de La Velada siguió progresando con los mismo ingredientes de youtubers y cantantes; primero en el estadio olímpico de Badalona (2022) y luego en los estadios madrileños del Atlético de Madrid, Metropolitano, en 2023 y Santiago Bernabéu del Real Madrid en 2024, colgando siempre el cartel de no hay localidades. La fórmula ya estaba probada y este año ha sido la consolidación con ingresos millonarios fruto de la venta de localidades, patrocinios y derechos en redes sociales. Al mismo tiempo, su inquieta mente le llevó en 2023, junto al exfutbolista Gerard Piqué, a crear la idea de la Kings League, una liga de futbol de streamers con jugadores semiprofesionales y con invitados especiales como leyendas del fútbol retiradas. Esta liga se asemeja al fútbol convencional, pero con normas diferentes y algunas variaciones para potenciar siempre el entretenimiento entre los espectadores. El cambio físico que ha experimentado en el último año Ibai, ha aumentado su visibilidad y su influencia en millones de jóvenes; ha retrasmitido diariamente durante los últimos once meses su proceso de adelgazamiento que le ha llevado a perder más de 70 kilos. Hoy en día es uno de los streamers más importantes y conocidos del mundo, colaborando con las grandes estrellas globales del fútbol y de la música. Se estima que Ibai tiene un patrimonio neto de unos diez millones de euros, pero, sobre todo, es capaz de inventar una y otra vez nuevas fórmulas de entretenimiento -y por tanto de contenido- inéditas hasta que él las impulsa y siempre acompañadas del apoyo de un público cada vez más numerosos y multigeneracional. En La Velada de este año los espectadores oscilaban desde niños de 8 años a maduritos de cerca de cuarenta años. Esta edición ha confirmado que el entretenimiento, al mezclarse con cultura digital, garantiza atención masiva.

No todo el mundo está a por uvas con este asunto. Por mucho que los que superan los cincuenta años, en su gran mayoría no sepan nada de lo anterior, las empresas que dirigen la generación x o los baby boomers, se están poniendo al día. Por supuesto que compañías disruptivas como Revolut, la fintech de moda, está muy presente en estos eventos. Pero también viejos cantantes como Bustamente han participado e incluso boxeado en anteriores ediciones de La Velada. Marcas clásicas como Coca-Cola, El Pozo, Grefusa Mahou o Alsa no han querido perderse esta Velada del año V. Todas esas y una decena más han considerado el evento una plataforma estratégica para conectar con audiencias jóvenes, digitales y globales. Aunque la cifra exacta puede variar, se estima que cerca de 15 marcas han tenido presencia destacada en diferentes niveles, como patrocinios visibles en el ring; acciones de contenido con influencers y streamers o bien activaciones en redes sociales y en vivo durante el evento.

Las marcas que participaron aprovecharon para conectar con la audiencia joven de forma creativa y contextual. Activaron su presencia mediante colaboraciones con influencers, contenido en redes sociales, menciones en directo, promociones personalizadas, experiencias en vivo y branding integrado en la escenografía. En lugar de limitarse a las colaboraciones de toda la vida, apostaron por formatos nativos del entorno digital, generando visibilidad orgánica y afinidad real con el público objetivo.

Es la hora. Si eres un directivo empresarial toca ponerse los guantes de boxeo y los cascos de música, aunque te cueste. La otra opción es perder esta ola de decenas de millones de clientes.

Iñaki Ortega es doctor en economía en UNIR y LLYC

lunes, 4 de agosto de 2025

Ilusiones veraniegas

 (este artículo se publicó originalmente en el periódico económico La Información el día 4 de agosto de 2025)

Seguro que te ha pasado alguna vez. A mi me pasa mucho. De repente alguien te habla de un asunto que no tenías en la cabeza y a partir de ahí lo empiezas a ver por todos los lados. Cómo es posible que hasta entonces había pasado desapercibido y sin darte cuenta ahora está hasta en la sopa. Enciendes la televisión y aparece en las noticias, lees la prensa y le dedican un artículo, en las redes sociales todo el mundo opina de ello y en las terrazas las mesas de al lado no dejan de comentarlo.

Inaudito pero cierto. A mi me está ocurriendo este verano con las criptomonedas. Mi amigo Dani, en una de las innumerables copas de verano que todas las organizaciones en Madrid nos empeñamos en convocar antes de las vacaciones, me abordó para explicarme que estaba echando a perder mis ahorros con una cuenta corriente en el banco.

Como conozco su vehemencia y a esas alturas del curso ya las fuerzas flaquean para las discursiones, le dejé hablar. En pocos minutos me explicó el dinero que estaba ganando con los bitcoins pero también su fontanero y la panadera de debajo de su casa. Siguió explicándome que eran legión los inversores que ya se habían pasado a las criptomomedas. ¿Las cifras me mareaban o era el coctel con el estomago vacío? El tiro de gracia a mi silenciosa incredulidad me lo dio cuando afirmó que siendo tan pacato no iba a poder pagar las carreras de mis hijos. Con cara de póker me escabulĺí de la fiesta con una excusa poco creíble.

Y al día siguiente el milagro sucedió. En mi buscador del móvil Trump anunciaba la aprobación de la primera ley en su país para apoyar a las monedas virtuales. En la oficina leí que el principal banco americano ofrecía ya prestamos garantizados por criptomonedas. Bajé a la calle y en la sucursal de una entidad financiera vi un cartel que promocionaba la custodia y compra-venta de estas monedas digitales. Me pellizqué por si era un sueño y recibí como respuesta en mi correo electrónico un curso para saber operar con bitcoins ante los requerimientos de los reguladores. Agobiado llegué a casa y mis hijos hablaban del ultimo tiktoker que se estaba forrando con las cripto y mi mujer me dijo que su mejor amiga también tenía unos euros invertidos. Ya en la cama, a mi cabeza vino Milei y Maduro apoyando uno la moneda Libra y el otro la cripto Petro. Agobiado de tanta presión del bitcoin cogí un libro de mi mesilla, firmado por un nobel de Economía que explica las trampas del cerebro. Y leí el sesgo de la ilusión de frecuencia. ¡Menos mal! Una explicación para mi intenso día.

Al parecer cuando algo llama nuestra atención, nuestro cerebro comienza a prestarle más atención y a buscarlo activamente en nuestro entorno. Una vez que hemos notado algo por primera vez y lo hemos asociado con una cierta idea o concepto, tendemos a interpretar las apariciones posteriores de ese algo como una confirmación de que es común o frecuente, incluso si en realidad no lo es y son meras coincidencias.

Con la tranquilidad de que no estaba loco pude dormir bien ese día y seguir con el verano sin tantas alucinaciones...por lo menos hasta que alguien vuelva a activar mi cerebro.

Iñaki Ortega es doctor en economía en UNIR y LLYC