(este artículo se publicó originalmente en el periódico 20 Minutos el día 6 de julio de 2026)
El blog de Iñaki Ortega
lunes, 6 de julio de 2026
Silla eléctrica
viernes, 26 de junio de 2026
El día más feliz del año
(este artículo se publicó en el diario 20 minutos el día 22 de junio de 2026)
Iñaki Ortega es doctor en economía en UNIR y LLYC
lunes, 22 de junio de 2026
El momento penalti de los CEO
(este artículo se publicó originalmente en la revista Business Insider el día 16 de junio de 2026)
domingo, 14 de junio de 2026
El Papa, el ceo del mundo
(este artículo se publicó originalmente en el periódico 20 minutos el día 8 de junio de 2026)
No lo es. Pero debería serlo. Ojalá tuviéramos un consejero delegado del mundo como Robert Prevost. El papa León XIV ha hecho lo que tenía que hacer estos días en Madrid. También ha dicho lo que tenía que decir. Caiga quien caiga. Ha visitado a las autoridades, pero también a los pobres. Recorrido el centro de Madrid, aunque deteniéndose en la periferia porque "es donde hay que empezar". Recibido en el aeropuerto por niños enfermos y Reyes. Diciendo verdades como puños en todas sus intervenciones. La prosperidad de España está basada en el acuerdo y no en el enfrentamiento actual, afirmó el pontífice. Qué peligroso alimentar la polarización para conseguir beneficios a corto plazo. Por qué ridiculizamos la caridad cuando es lo más necesario por no hablar de lo cruel que es la inmigración que tanto ignoramos cuando la vivimos en nuestras propias carnes con nuestros antepasados.
No existe un dirigente del mundo. Si el planeta fuese una empresa necesitaría un CEO como el papa León XIV. Un líder que piensa y actúa. Piensa, como acaba de demostrar en su reciente encíclica dedicada a los peligros de la tecnología. Actúa, como estos días en Madrid con numerosos gestos para dar protagonismo a los más necesitados: enfermos, pobres, migrantes y presos. Sin despreciar la importancia de las instituciones como actores de los cambios sociales a las que ha cuidado de sobremanera desde la Familia Real, clase política, sindicatos, empresarios, universitarios y artistas.
También ese gerente del mundo ha de ser moderno y clásico. Experto en inteligencia artificial (IA) como para que la primera carta a sus feligreses sea sobre esta disrupción técnica. Clásico, para citar a los santos españoles que más han aportado a la teología como Teresa de Jesús, Juan de la Cruz o Ignacio de Loyola.
Estudioso y comprometido socialmente. Prevost se graduó en matemáticas y en teología lo que no le impidió irse a las misiones durante casi dos décadas para vivir rodeado de miseria. Ese primer ejecutivo del planeta Tierra, como el santo padre, debería saber comunicar a la vez que reflexionar. Mirar hacia fuera y hacia dentro. Ponerse al frente de una vigilia y una misa ante cientos de miles de personas y rezar a solas en la intimidad de su cuarto en la Nunciatura.
Por supuesto, el que dirija el mundo ha de pensar en lo divino y en lo profano. Y el Papa lo cumple porque los que somos católicos lo consideramos como el representante de Dios en la tierra. Y es que además lo hemos visto en sus discursos de estos días: capaz de conciliar los mensajes más espirituales de la religión cristiana con las llamadas a la acción y la denuncia cruda y valiente de lo que pasa en las calles de Madrid, sin ir más lejos.
Si se piensa en quien dirige el mundo aparece inmediatamente un oligarca tecnológico o un presidente de una gran nación. Alguno puede pensar hasta en teorías conspiranoicas y en un selecto grupo de millonarios que se reúnen en lujosas mansiones. Pero a nadie le vendrá a la cabeza un humilde agustino que dice cosas como que nadie nació siendo maestro, que los jóvenes pueden cambiar la historia con el amor o que la fe no puede ser solo un museo al que visitar. Y que defiende no tener miedo porque Jesús no abandona a nadie. Bienvenido, Papa León.
Iñaki Ortega es doctor en economía en UNIR y LLYC
sábado, 6 de junio de 2026
Magnífica
(este artículo se publicó originalmente en el periódico La Información Economómica el día 5 de junio de 2026)
El ex CEO de Google no se lo podía creer. Miles de estudiantes de la Universidad de Arizona abucheando su discurso como padrino de la graduación. Los alumnos expresaron así su malestar por las loas de Eric Schmidt a la Inteligencia Artificial (IA). Su empresa, Google, con Gemini está lanzada en la carrera por liderar la disrupción de la IA, pero a los jóvenes esto no solo no les parece suficiente, sino un peligro para su futuro. ¡Un líder tecnológico increpado en uno de los nodos emergentes de alto crecimiento en América!
Diez días después otro directivo, esta vez el de la empresa Anthropic y en Roma, también habló de la IA y recibió el aplauso unánime. Chris Olah es el cofundador de la empresa que surgió precisamente de una escisión de OpenAI por sus escrúpulos morales y hoy gestiona Claude, el principal competidor de ChatGPT. Olah fue elegido por el Papa León XIV para presentar su primera encíclica en un acto público inédito en la historia de la Iglesia. ¡Un tecno oligarca ateo al lado del Santo Padre y en el Vaticano!
Para los graduados de Arizona fue toda una ofensa la llamada del antiguo CEO para subirse a la nave espacial de la IA. El despido de cientos de miles de empleados por parte de las grandes tecnológicas como Google o Meta, la desaparición de los clásicos programas de empleo para recién licenciados o la precarización de las condiciones para trabajar en esas empresas por la irrupción de la IA, explican la airada reacción de los estudiantes.
La IA de Anthropic, en cambio, es un ejemplo para el Santo Padre de cómo debería la IA funcionar para que no sea un peligro para la humanidad. Claude, a diferencia de otros modelos, no solo se entrena por humanos sino también por una especie de constitución moral que garantiza la privacidad, la decencia y el cumplimiento de otros derechos humanos.
Quizás para entender las dos reacciones, tan contraintuitivas, merece la pena conocer mejor la carta del Papa, titulada Magnifica Humanitas, que yo he podido hacer gracias a mi colega y tecnólogo Miguel Lucas. Para el Pontífice la IA no tiene ideología propia, pero sí hereda la de quienes la construyen, la pagan y la despliegan. El Papa no pide frenar la IA sino quiere que no nos engañemos pensando que es inocente de nacimiento, y a partir de ahí que actuar en consecuencia. Además, Robert Prevost llama la atención de «nuevas formas de esclavitud» porque hay trabajo humano invisible y penoso detrás de los modelos de IA. Millones de personas que etiquetan datos, moderan contenidos y alimentan sistemas de IA a cambio de sueldos mínimos, sin visibilidad ni reconocimiento.
Al mismo tiempo la encíclica recuerda que la IA está concentrando el poder —y la riqueza— en muy pocas manos. Esta IA «alimenta la brecha entre los incluidos y los excluidos». Y no redistribuye poder por defecto; lo concentra. Quien controla los datos, los modelos y la infraestructura de cómputo controla, en buena medida, el futuro económico y político de todos los demás. Nvidia monopoliza prácticamente el mercado mundial de chips de IA. Las cuatro grandes tecnológicas —Microsoft, Google, Amazon y Meta— son una suerte de oligopolio de la mayor parte de la inversión en infraestructuras como son los centros de datos,
Para la encíclica lo más grave es que la IA amenaza la democracia e incluso al planeta. Las aplicaciones de IA están proyectadas para dar la razón y por tanto alimentar la polarización; esos algoritmos de recomendación no se diseñaron para informar, sino para enganchar. Y el contenido que más engancha es, casi siempre, el más extremo. También añade la dimensión ambiental por la ingente energía y agua que consumen los centros de datos que permiten que funcione la IA. La Agencia Internacional de la Energía estima que la demanda eléctrica global de los centros de datos se triplicará en 2030. La promesa de eficiencia de la IA tiene un coste físico que rara vez aparece en el mismo titular que los beneficios económicos.
Por último, el Papa alerta de que la IA permite delegar decisiones irreversibles como en la guerra con las armas autónomas, pero también en cualquier sistema que resuelve propuestas para contratar una persona, conceder un crédito, elaborar un diagnóstico médico, eliminar contenidos en redes sociales y hasta sentencias judiciales. Nunca puede dejar de haber una mano humana detrás de esas decisiones.
La encíclica Magnifica Humanitas no es una condena de la inteligencia artificial. Es una advertencia sobre quién manda cuando nadie vigila. León XIV hace en 2026 lo que su antecesor León XIII hizo en 1891 con su Rerum Novarum en plena Revolución Industrial: que la tecnología sirva a las personas y no al revés. La doctrina social de la Iglesia siempre ha sostenido que el capital —sea físico, financiero o ahora algorítmico— tiene un límite que no puede cruzar: la dignidad humana. Ese límite no es una restricción al progreso, al contrario, es la garantía de que sea de verdad un progreso para toda la humanidad.
Nadie duda de que vivimos en la era de la IA, pero tampoco que también estamos ante un auge de la religiosidad. Las iglesias cada vez más llenas, los famosos cada vez más devotos, la música cada vez más espiritual por no hablar de la vuelta al espacio público de los símbolos cristianos. Si esta Iglesia, en tan pocos años, ha sido capaz de pasar de una religión católica moribunda y envejecida a protagonizar la agenda global, por qué no va a lograr domesticar a la IA. Así sea, por el bien de todos.
Iñaki Ortega es doctor en economía en UNIR y LLYC
lunes, 25 de mayo de 2026
Corrupción o corrección
(este artículo se publicó originalmente en el diario 20 Minutos el día 25 de mayo de 2026)
Iñaki Ortega es doctor en economía en UNIR y LLYC
lunes, 18 de mayo de 2026
Volantazo a la derecha
(este artículo se publicó en el periódico 20 Minutos el día 18 de mayo de 2026)
Han sido cinco largos meses con cuatro elecciones seguidas en nuestro país. Toda una carrera de fondo de las cuatro grandes ideologías españolas, eso sí, con paradas intermedias cada cinco semanas, más o menos. Del sur al norte para volver a bajar. Empezamos en Extremadura, de ahí a Aragón y Castilla-León hasta llegar a Andalucía. Una cita con las urnas de media cada 36 días en las que se iban cogiendo puntos hasta alcanzar la meta de ayer en Sevilla. Un final de carrera que a priori era el mejor para el Partido Popular y la peor pesadilla para Sánchez. Toca sumar los puntos de todas las etapas y ver cómo ha ido esta suerte de competición.El resultado es un PP fuerte que gana en todas las elecciones con diferencia, pero sin mayoría absoluta y por lo que parece -así ha sido en Extremadura y Aragón- eso le permite gobernar con el apoyo de Vox, que sin duda termina la carrera exhausto pero satisfecho porque es un partido clave para la gobernabilidad. La derecha en su conjunto arrasa en todos los terrenos de esta particular carrera, sea en las mesetas, en las montañas o en la costa. Un volantazo del país a la derecha, en toda regla, que será difícil que no se repita en las elecciones que se convoquen en los próximos meses, si el grupo sigue con este estado de forma.
En el pelotón perseguidor las filas se aprietan entre los diferentes equipos/partidos. El PSOE cuando presenta candidatos ministros pierde apoyos y las formaciones a su izquierda recuperan impulso, sabiendo todos ellos que gestionan la miseria de un puñado de escaños que poco valen porque el grupo ganador de todas y cada una de las etapas, a día de hoy, es inalcanzable.
Iñaki Ortega es doctor en economía en UNIR y LLYC






